A días del inicio de una nueva temporada de Fórmula 1, la indumentaria oficial de equipos y pilotos volvió a consolidarse como un negocio millonario clave para el posicionamiento global de la categoría. Lejos de ser un detalle menor, la ropa que se ve en el paddock y fuera de la pista es hoy una herramienta central de marketing, impulsada por el crecimiento sostenido de la audiencia, especialmente en Estados Unidos, donde la F1 supera los 45 millones de seguidores y registró un fuerte salto de popularidad tras el impacto de la serie Drive to Survive.
En la grilla conviven marcas deportivas, firmas premium y especialistas técnicos. Puma, proveedor oficial de la Fórmula 1 desde 2024, viste a Ferrari y Sauber/Audi, mientras que Adidas regresó a la categoría como socio de Mercedes con una colección que combina innovación y diseño. Castore domina el paddock en cantidad de equipos —Red Bull, McLaren, Alpine, Haas y Williams— y ya presentó la indumentaria 2026 de Alpine, con Franco Colapinto como uno de los protagonistas. En un registro más sofisticado, Aston Martin se asoció con Hugo Boss, y McLaren selló acuerdos con Reiss, Levi’s y K-Swiss.
El vínculo entre la Fórmula 1 y la moda se profundiza también a nivel institucional. El grupo LVMH firmó una alianza global por diez años, integrando marcas como Louis Vuitton y TAG Heuer, mientras que la futura escudería Cadillac confirmó a Tommy Hilfiger como socio estratégico desde su ingreso en 2026. De este modo, la indumentaria se afirma como una pieza clave del ecosistema de la F1, donde identidad, lujo y negocio avanzan al mismo ritmo que la tecnología y la competencia en pista.
