El comercio exterior argentino llega a 2026 marcado por un escenario internacional volátil y por avances relevantes en materia de acuerdos comerciales. Durante 2025 se sentaron nuevas bases, con la energía consolidándose como un motor estructural junto al agro, aunque el superávit comercial se redujo a USD 11.286 millones por un fuerte crecimiento de las importaciones. En un contexto de tensiones globales y desvíos comerciales tras la suba de aranceles de Estados Unidos, Argentina avanzó en acuerdos clave con la EFTA, la Unión Europea y un entendimiento marco con EE.UU., todos con potencial de impacto positivo, aunque con plazos de implementación aún inciertos.

El principal foco de atención está puesto en la efectiva puesta en marcha de esos acuerdos. El pacto Mercosur–UE, pese a su magnitud, enfrenta demoras por el proceso de ratificación en Europa y cláusulas de salvaguarda que limitan el entusiasmo exportador, especialmente en el sector agropecuario. En paralelo, el acuerdo con la EFTA y el entendimiento con EE.UU. todavía deben atravesar instancias administrativas. Especialistas coinciden en que los efectos concretos sobre la balanza comercial recién se verían hacia el segundo semestre de 2026 o incluso en 2027, lo que modera las expectativas de corto plazo.

Las proyecciones para 2026 anticipan un crecimiento más moderado de las exportaciones, impulsado principalmente por energía, agro y minería, con ventas externas cercanas a los USD 90.000 millones y un superávit comercial que oscilaría entre USD 6.000 y USD 10.000 millones. Sin embargo, la competitividad sigue siendo un desafío central: más allá del tipo de cambio, pesan los costos internos en dólares, la logística, el financiamiento y los retrasos impositivos. En un mundo de márgenes ajustados y alta competencia, el desempeño exportador dependerá tanto de la coyuntura global como de mejoras estructurales puertas adentro.