Aunque suele asociarse la contaminación del aire al exterior, la mala ventilación en hogares y oficinas favorece la acumulación de contaminantes invisibles que afectan directamente la salud.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la exposición prolongada al aire interior contaminado está vinculada a millones de muertes prematuras al año, con un impacto especialmente grave en niños pequeños. La combustión para cocinar o calefaccionar, el humo del tabaco, productos de limpieza, sahumerios y ciertos materiales liberan sustancias que se concentran en ambientes cerrados sin renovación de aire.

Respirar aire de mala calidad no solo genera molestias inmediatas, como cansancio, dolor de cabeza o irritación, sino que también se asocia a enfermedades respiratorias y cardiovasculares cuando la exposición es sostenida. En espacios laborales, la presencia constante de personas, equipos electrónicos y sistemas de climatización sin mantenimiento adecuado agrava el problema, elevando los niveles de dióxido de carbono, humedad y compuestos orgánicos volátiles.

La ventilación diaria se presenta como una de las medidas más simples y efectivas para mejorar la calidad del aire interior. Los especialistas recomiendan abrir puertas y ventanas durante al menos 10 a 15 minutos por día, incluso en invierno, y favorecer la ventilación cruzada en viviendas. En oficinas y comercios, esta práctica debe complementarse con el mantenimiento regular de equipos de climatización. Incorporar este hábito cotidiano permite reducir riesgos, mejorar el bienestar y promover entornos más saludables.