El tenista argentino Román Burruchaga denunció haber recibido amenazas por WhatsApp en la tarde del sábado, horas antes de disputar la semifinal del Challenger de Rosario. Los mensajes, enviados desde un número con prefijo del Reino Unido, incluían intimidaciones directas hacia él y su familia, con el objetivo de condicionarlo para que perdiera el partido ante el taiwanés Chun Hsin. Ante la gravedad de la situación, el jugador alertó de inmediato a la Policía.

Tras la denuncia, las autoridades desplegaron un operativo de seguridad especial en el Jockey Club de Rosario, con custodia permanente para el tenista, refuerzo del patrullaje en la zona y vigilancia continua durante el desarrollo del torneo. A pesar del impacto emocional, Burruchaga logró sobreponerse y ganó su partido de semifinales por 6-3 y 6-3, aunque luego cayó en la final frente a Camilo Ugo Carabelli.

El episodio volvió a encender las alarmas sobre la influencia de las apuestas ilegales en el circuito profesional, un problema que ya había quedado expuesto días antes con amenazas similares contra el español Nikolás Sánchez Izquierdo, también durante el Challenger de Rosario. Ambos casos refuerzan la preocupación por la seguridad de los jugadores y la necesidad de controles más estrictos para erradicar este tipo de prácticas violentas en el tenis.