Tras los incendios que arrasan miles de hectáreas cada verano en la Patagonia, la simple reforestación ya no alcanza para recomponer el paisaje nativo.

Especialistas advierten que, además de plantar nuevas especies autóctonas, es indispensable avanzar con la llamada “restauración activa”, un enfoque que incluye la extracción de plantas exóticas invasoras que compiten y desplazan a cipreses, lengas y coihues. Estas especies foráneas, favorecidas incluso por el fuego, crecen más rápido y ocupan el terreno degradado, impidiendo la regeneración natural del bosque.

Investigadores del Conicet Patagonia Norte señalan que la ventana de intervención es corta —los primeros cuatro años posteriores al incendio— y que los costos pueden oscilar entre 1.500 y 2.000 dólares por hectárea, aunque destacan que prevenir la expansión de exóticas resulta más económico que enfrentar nuevos incendios. Además, la disponibilidad de plantines nativos es limitada: los viveros actuales no alcanzan a cubrir ni el 1% anual de la superficie afectada, lo que obliga a complementar la reforestación con recolección de semillas y producción local de ejemplares.

Organizaciones ambientales como Circuito Verde, en Bariloche, incorporaron a sus programas no solo la plantación y el monitoreo de especies nativas, sino también jornadas específicas de extracción de pinos y otras invasoras, junto con instancias de educación ambiental. El objetivo es recuperar el equilibrio ecológico y asegurar que los nuevos árboles sobrevivan a los primeros veranos críticos. La restauración activa, así, se consolida como una estrategia integral para devolverle identidad y resiliencia a los bosques patagónicos.