El próximo domingo 1° de marzo a las 21, el presidente Javier Milei inaugurará el período ordinario de sesiones ante la Asamblea Legislativa, en un contexto político sensiblemente distinto al de sus anteriores aperturas.
Será la tercera vez que se pare frente a diputados, senadores y la vicepresidenta Victoria Villarruel, pero esta vez lo hará con un oficialismo más consolidado y una oposición a la defensiva. Si no media ningún imprevisto, llegará tras cumplir los principales objetivos que se había propuesto para las sesiones extraordinarias: la aprobación del Presupuesto —algo que la Argentina no lograba desde hacía dos ejercicios— y el avance de reformas sensibles como la baja de la edad de imputabilidad y la reforma laboral.

El Gobierno interpreta esos logros como la confirmación de una nueva hegemonía parlamentaria. Aunque La Libertad Avanza no cuenta con mayoría propia, logró articular un núcleo estable de aliados que acompañó sus principales iniciativas. Gobernadores como Gustavo Sáenz, Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo y Hugo Passalacqua, junto a bloques del PRO y sectores de la UCR, resultaron claves para modificar la correlación de fuerzas. Del otro lado, el peronismo —conducido en el Senado por José Mayans— atraviesa divisiones internas y perdió capacidad de veto, tanto en la Cámara alta como en Diputados, donde los episodios de tensión dejaron expuesta su fragmentación.
En la Casa Rosada anticipan un discurso con fuerte impronta reformista y eje en la “batalla cultural”. Milei no solo hablará al Congreso, sino también a la sociedad, con la intención de consolidar la narrativa de cambio estructural que impulsa desde el inicio de su mandato. El trasfondo económico —con casos emblemáticos como la crisis de FATE— funciona como símbolo del modelo de “destrucción creativa” que el Presidente reivindica. Así, la apertura de sesiones no será solo un acto institucional: será la puesta en escena de un oficialismo que busca afirmar su centralidad política y de una oposición que aún no logra reordenarse frente al nuevo mapa de poder.
