La escalada del conflicto en Irán generó un impacto global con subas en el petróleo, caídas en los mercados y presión sobre monedas emergentes.

En ese contexto, Argentina se desmarcó de la tendencia: el peso se apreció cerca de 1% desde fines de febrero, mientras el dólar mayorista perforó los $1.400, consolidando un escenario de relativa calma cambiaria a contramano del resto del mundo.

A nivel internacional, la búsqueda de refugio fortaleció al dólar y debilitó a varias monedas emergentes. El real brasileño y el peso mexicano registraron caídas, al igual que divisas asiáticas y el rublo, que fue el más golpeado. Incluso el euro retrocedió frente al dólar en las últimas semanas. En contraste, además del peso argentino, el peso colombiano fue de las pocas monedas que logró apreciarse en este período.

En el plano local, la estabilidad del tipo de cambio funciona como ancla inflacionaria en un contexto donde los precios aún avanzan cerca del 3% mensual. La combinación de dólar en baja e inflación persistente profundiza la apreciación real del peso, encareciendo la economía en términos de dólares. Mientras algunos economistas plantean flexibilizar el cepo para corregir este atraso cambiario, el Gobierno apuesta a sostener la calma del dólar y confía en que la inflación comience a moderarse a partir de abril.