La tensión en la Casa Rosada escala al ritmo del malhumor de Javier Milei, quien atraviesa una de las semanas más complejas desde el inicio de su gestión.

En la intimidad del poder, el mandatario alterna entre la autocrítica fugaz y una ofensiva discursiva cada vez más dura contra empresarios, dirigentes y periodistas, a quienes responsabiliza por un clima adverso que, según su entorno, forma parte de una embestida de “la casta”. Lejos de la moderación que prometía en 2025, el Presidente volvió a su estilo más confrontativo, con fuertes descalificaciones públicas y una estrategia comunicacional sin filtros, muchas veces canalizada a través de la red X.

El trasfondo del enojo presidencial no es solo político, sino también económico y social. Encuestas recientes muestran un deterioro sostenido en la imagen del Gobierno, con niveles de desaprobación que superan el 55% y una creciente fatiga social frente al ajuste. La preocupación por los bajos salarios, el endeudamiento de los hogares y la dificultad para llegar a fin de mes domina la agenda ciudadana, incluso entre votantes oficialistas. A esto se suman datos duros: aumento del desempleo, cierre de miles de empresas y una inflación que no logra perforar el umbral esperado, configurando un escenario que erosiona la promesa de recuperación a mediano plazo.

En paralelo, el tablero político empieza a reconfigurarse de cara a 2027. Mauricio Macri endurece su tono y activa al PRO, mientras Jorge Macri y Horacio Rodríguez Larreta ensayan un acercamiento reservado para recomponer vínculos. En el peronismo, figuras como Axel Kicillof comienzan a moverse con cautela, aunque sin definiciones económicas claras. En ese contexto de tensiones cruzadas, el oficialismo enfrenta una “tormenta perfecta” donde los datos, más que los discursos, marcan el pulso de una etapa crítica.