La pérdida del poder adquisitivo se consolidó como la principal preocupación de las familias en el inicio de 2026.
Aunque los salarios registraron subas nominales en enero —2,5% en promedio según el INDEC—, quedaron por debajo de la inflación del 2,9%, lo que profundizó el deterioro del ingreso real. El impacto fue más marcado en el sector formal: los sueldos privados crecieron 2,1% y los públicos 1,8%, lo que se tradujo en nuevas caídas del poder de compra, que ya se ubica por debajo de los niveles previos a la asunción de Javier Milei.

La dinámica salarial también expone una fuerte heterogeneidad entre sectores. Las mejores remuneraciones se concentran en actividades como minería, petróleo y finanzas, que muestran mayor dinamismo pero generan menos empleo, mientras que los sectores más intensivos en mano de obra —como enseñanza, hotelería o servicios— registran los salarios más bajos. Esta brecha refleja una economía fragmentada, donde la recuperación no alcanza de manera uniforme y limita la mejora del ingreso disponible de los hogares.
En paralelo, las paritarias del primer trimestre estuvieron mayormente alineadas —o por debajo— de la pauta oficial. El Gobierno mantuvo su criterio de no homologar acuerdos por encima de la inflación, lo que derivó en subas de entre 1,7% y 2,5% mensual en la mayoría de los convenios. Solo casos puntuales, como la UTA o el sector bancario, lograron empatar o superar los precios. Hacia adelante, el Ejecutivo busca evitar una espiralización entre salarios e inflación, en un contexto donde las negociaciones continúan bajo presión y con una inflación que aún no logra perforar el umbral del 2,5% mensual.
