Un equipo de la Universidad de Loughborough desarrolló un chip innovador inspirado en el funcionamiento del cerebro humano, basado en el principio de “computación en reservorio”.

A diferencia de los métodos tradicionales que dependen de software, este dispositivo utiliza un memristor de óxido nanoporo capaz de almacenar información de estímulos previos y procesar datos directamente a nivel físico, imitando las conexiones neuronales mediante miles de canales internos.

Las pruebas demostraron que el chip puede realizar tareas clave de inteligencia artificial, como identificación de patrones, predicción y reconstrucción de información. Fue evaluado en modelos complejos como el sistema caótico Lorenz-63, reconocimiento de imágenes pixeladas y operaciones lógicas, mostrando resultados precisos y una gran adaptabilidad para distintas aplicaciones.

Aunque aún se encuentra en fase experimental, el avance abre una puerta significativa para reducir el consumo energético de la IA y mejorar su eficiencia. Los próximos desafíos incluyen escalar la complejidad de las redes y probar el sistema con datos más realistas. De consolidarse, esta tecnología permitiría desarrollar dispositivos más pequeños, eficientes y capaces de operar sin conexión constante, clave para el futuro de la inteligencia artificial.