El presidente Javier Milei atraviesa un trimestre que en su entorno consideran decisivo para el rumbo económico, en medio de señales contradictorias: mientras algunos indicadores reflejan recuperación de la actividad, crece con fuerza la mora en los créditos, especialmente en los hogares. Informes privados advierten que el endeudamiento de las familias alcanzó niveles preocupantes, evidenciando que la mejora macroeconómica no se traduce de manera homogénea en la sociedad.

Desde la Casa Rosada reconocen el problema, aunque lo atribuyen en parte a la dinámica del sistema financiero, y el propio Milei pidió paciencia públicamente al sostener que el rumbo es correcto, aun cuando los beneficios no se distribuyen al mismo ritmo.

En paralelo, el oficialismo enfrenta un clima político enrarecido, con sospechas sobre movimientos opositores y eventuales construcciones de alternativas desde sectores del centro y la derecha. En ese contexto, el futuro de Manuel Adorni se convirtió en un punto de tensión interna: cuestionado por distintos sectores libertarios, pero sostenido por el Presidente y Karina Milei, su continuidad es leída como una señal de poder frente a presiones externas. En el círculo presidencial advierten que un eventual desplazamiento sería interpretado como una derrota política, lo que refuerza la decisión de resistir cambios en el gabinete en este momento crítico.

A la par de la fragilidad económica y las disputas políticas, crece la preocupación por la interna dentro del Gobierno, especialmente en el área judicial y en la puja entre distintos sectores de influencia. Las tensiones entre funcionarios, las discusiones por nombramientos clave y las sospechas sobre movimientos en Comodoro Py configuran un escenario de alta volatilidad. En este marco, fuentes cercanas al Presidente no descartan movimientos bruscos en el gabinete, mientras otros advierten que estas disputas erosionan la gestión. Con niveles de aprobación en baja, el oficialismo enfrenta así una “prueba de fuego” en la que se juega no solo la reactivación económica, sino también su propia estabilidad política de cara al próximo calendario electoral.