Tras el 3,4% de inflación registrado en marzo, distintas consultoras detectaron en abril una desaceleración en el ritmo de aumento de precios, especialmente en el rubro alimentos y bebidas.
Relevamientos de firmas como LCG, Analytica, Eco Go y EconViews muestran subas semanales moderadas —de entre 0,2% y 0,5%— y un promedio mensual en torno al 1,2% al 1,6% en las últimas cuatro semanas. Este comportamiento alimenta las expectativas del Gobierno de que se interrumpa la tendencia alcista iniciada en julio de 2025, aunque aún persiste distancia con la meta oficial de inflación cercana a cero hacia mitad de año.

En términos proyectados, las estimaciones privadas ubican la inflación de abril entre el 2,3% y el 2,9%, lo que implicaría una desaceleración respecto al mes previo. El descenso en alimentos —que venía siendo uno de los principales motores de la suba general— resulta clave para explicar este alivio parcial. Sin embargo, algunos segmentos aún presionan al alza, como carnes, lácteos, pescados y productos azucarados, mientras que otros, como frutas y panificados, muestran incrementos menores o incluso caídas. A nivel regional, las variaciones también son dispares, con menores subas en el norte y Cuyo, y mayores en la Patagonia.
Desde el plano político, el presidente Javier Milei destacó indicadores de inflación núcleo más bajos y reforzó el mensaje de que el proceso desinflacionario está en marcha. En la misma línea, el ministro de Economía, Luis Caputo, atribuye la evolución de los precios a factores monetarios y confía en que el orden fiscal permitirá consolidar la tendencia a la baja. No obstante, el escenario sigue condicionado por variables externas, como la volatilidad internacional, lo que deja abierta la incógnita sobre la sostenibilidad de esta desaceleración en los próximos meses.
