Funcionarios, empresarios y referentes políticos coincidieron en la cena anual de CIPPEC en que el rumbo macroeconómico es el adecuado, aunque predominó un clima de cautela.

El principal interrogante que atravesó los encuentros fue cómo lograr que la estabilidad económica se traduzca en mejoras concretas en salarios, consumo y nivel de actividad.

En los pasillos del evento, marcados por la reserva y los comentarios fuera de micrófono, se repitió una preocupación central: el impacto del ajuste en la vida cotidiana. Si bien se valoró el control de la inflación y el orden macro, muchos señalaron que los ingresos aún no alcanzan y que el consumo sigue sin repuntar, lo que condiciona la percepción social del programa económico.

También hubo escepticismo sobre la posibilidad de una desaceleración inflacionaria más rápida y se mencionaron las tensiones políticas internas como un factor que puede influir en la confianza de los inversores. En ese sentido, algunos relativizaron el impacto del “ruido político”, mientras que otros advirtieron que la estabilidad requiere señales claras y consistentes a largo plazo.

Durante la cena, el director ejecutivo de CIPPEC, Luciano Laspina, destacó los avances en el ordenamiento macroeconómico, pero subrayó la necesidad de avanzar en reformas estructurales pendientes, como la previsional, impositiva y fiscal. Además, llamó a construir acuerdos políticos duraderos y una estrategia de desarrollo a largo plazo que permita que la estabilidad deje de ser solo un objetivo macro y se convierta en crecimiento real para la economía.