La CGT atraviesa un momento de redefinición tras el revés judicial en su intento de frenar la reforma laboral y en la antesala de una nueva movilización por el Día del Trabajador.

La conducción sindical asume que debe recalcular su estrategia para no perder protagonismo en un contexto marcado por la caída del poder adquisitivo y el deterioro del empleo, mientras vuelve a apostar por la calle como herramienta de presión.

En paralelo, sectores de la central obrera impulsan un rol más activo en la reorganización del peronismo con vistas a 2027, bajo la premisa de que solo un cambio político podría revertir el actual escenario. Dirigentes buscan dialogar con distintas figuras, desde Dante Gebel hasta referentes como Axel Kicillof o Sergio Uñac, con el objetivo de evitar divisiones y construir una alternativa competitiva frente a Javier Milei.

Mientras tanto, la CGT evalúa cómo continuar la ofensiva judicial contra la reforma laboral luego del fallo adverso que restituyó la vigencia de varios artículos clave. En este escenario, el Gobierno avanza con la reglamentación de la ley, lo que profundiza la tensión con el sindicalismo, que combinará protestas callejeras con discursos más duros en su próxima movilización a Plaza de Mayo.

A la par de esta estrategia, crece la presión interna desde sectores más combativos agrupados en el Frente de Sindicatos Unidos, que cuestionan la moderación cegetista y suman adhesiones para consolidarse como una alternativa más confrontativa. En respuesta, la CGT también busca diversificar su perfil: proyecta crear un observatorio socioeconómico con apoyo de la Universidad de Buenos Aires y avanzar en iniciativas de formación laboral junto a la Universidad Tecnológica Nacional, en un intento por reposicionarse más allá del conflicto sindical.