La inflación muestra señales de desaceleración, pero todavía encuentra dificultades para perforar el 2% mensual. Tras el 3,4% registrado en marzo, las proyecciones privadas anticipan un índice cercano al 2,6% en abril y al 2,3% en mayo, mientras que recién hacia agosto podría ubicarse por debajo de ese umbral.
Economistas coinciden en que persisten factores estructurales e inerciales que complican una baja más rápida de los precios.

Entre las principales causas aparecen los aumentos en carnes, combustibles, tarifas reguladas y servicios, además del impacto rezagado de la devaluación y de la menor demanda de pesos registrada durante el proceso de dolarización e incertidumbre electoral del año pasado. Según distintos especialistas, muchos sectores continúan ajustando precios tomando como referencia la inflación previa, especialmente en rubros como prepagas, colegios, seguros, internet y cable.
Los analistas sostienen que mantener el equilibrio fiscal y la estabilidad cambiaria será clave para continuar con el proceso de desinflación. También consideran necesario reforzar señales económicas que ayuden a coordinar expectativas y moderar remarcaciones. Sin embargo, advierten que cualquier cambio en las perspectivas sobre el dólar o un rebrote de tensión financiera podría interrumpir temporalmente la desaceleración.
De cara a los próximos meses, las consultoras prevén una inflación más cercana al 2% y con posibilidades de perforar ese nivel durante el segundo semestre. No obstante, persisten riesgos asociados al ajuste de tarifas, el eventual descongelamiento de combustibles y el escenario internacional, especialmente por la evolución de los conflictos geopolíticos y los precios globales de la energía.
