El empleo entre jubilados creció con fuerza en la última década y refleja el deterioro económico que atraviesan muchos hogares de adultos mayores.

Según un informe elaborado en base a datos de la INDEC, la cantidad de personas mayores de 65 años que trabajan aumentó un 32,6% desde 2016, muy por encima del crecimiento general del empleo. La inflación, el aumento del costo de vida y el congelamiento del bono previsional empujaron a miles de jubilados a buscar ingresos adicionales.

La situación quedó reflejada en la masiva convocatoria laboral del frigorífico Cabaña Don Theo, donde jubilados hicieron largas filas bajo la lluvia para postularse a uno de los pocos puestos disponibles. La escena evidenció una realidad cada vez más frecuente: adultos mayores que vuelven al mercado laboral porque la jubilación mínima ya no alcanza para cubrir gastos básicos. Mientras el haber mínimo ronda los $473.000, la canasta básica para jubilados supera ampliamente ese monto.

En paralelo, el informe muestra que casi la mitad de los trabajadores mayores de 65 años son cuentapropistas. Muchos realizan actividades independientes como estrategia de supervivencia económica ante la pérdida del poder adquisitivo. Los sectores donde más creció la participación de adultos mayores fueron la construcción, el comercio y las actividades jurídicas y contables.

Además del aumento del trabajo en la tercera edad, también creció la precarización laboral. Más de la mitad de los asalariados mayores de 65 años trabajan de manera informal y sin aportes, un porcentaje que viene en aumento desde 2016. El fenómeno expone las dificultades económicas que enfrentan los jubilados y cómo cada vez más personas continúan trabajando después de la edad de retiro para poder sostener sus ingresos.