El Roland Garros 2026 llega marcado por un conflicto entre los jugadores y los organizadores de los torneos de Grand Slam.

Las principales figuras del circuito cuestionan el reparto económico y consideran insuficiente el porcentaje de ingresos que reciben en relación con lo que generan estos eventos.

Como medida de presión, los tenistas planean acciones simbólicas como reducir sus conferencias de prensa y evitar entrevistas individuales, con el objetivo de visibilizar el reclamo. En paralelo, representantes de los jugadores y del torneo mantienen reuniones para intentar destrabar el conflicto antes del inicio de la competencia.

El eje central de la disputa es la distribución de ingresos: actualmente los jugadores perciben cerca del 15% de lo que generan los Grand Slam, mientras que en otros torneos ese porcentaje ronda el 22%. Aunque Roland Garros anunció un aumento en los premios, el reclamo apunta a una revisión estructural del modelo económico del tenis.

La tensión ya se extiende más allá del torneo parisino e involucra también a Wimbledon y otros Grand Slam. El conflicto refleja un cambio en el rol de los jugadores, que buscan mayor participación en las decisiones y podría impactar en el desarrollo de la temporada si no se alcanza un acuerdo.