El Gobierno nacional avanza en el diseño de una reforma tributaria integral, en línea con su compromiso con el FMI, pero descarta una implementación inmediata o de shock.

En la Casa Rosada consideran que el sistema actual, incluido el Monotributo, está “quebrado”, aunque aclaran que cualquier cambio se dará dentro de un rediseño más amplio y de manera escalonada para no afectar el equilibrio fiscal.

El eje central del plan es mantener el déficit cero. Por eso, el equipo económico analiza dividir la reforma en etapas, priorizando medidas de simplificación, revisión de beneficios fiscales y ajustes en regímenes especiales. Las reducciones impositivas más profundas quedarían condicionadas al margen fiscal, al crecimiento económico y a posibles recortes del gasto.

Uno de los puntos más sensibles es la reforma del Monotributo. El Gobierno sostiene que el esquema actual desalienta el crecimiento de pequeños contribuyentes y genera distorsiones. Entre las alternativas en estudio se busca facilitar el paso al régimen general, reducir los saltos entre categorías y achicar la brecha con impuestos como IVA y Ganancias, presentándolo como un ordenamiento más que como una suba de impuestos.

El acuerdo con el FMI refuerza la idea de una reforma fiscalmente neutra: mejorar la eficiencia del sistema, reducir exenciones y ampliar la base tributaria para compensar eventuales bajas de impuestos. En el oficialismo remarcan que no se resignará recaudación sin una fuente clara de compensación, priorizando primero la consolidación del equilibrio fiscal.

Otro eje clave será la negociación con las provincias. El Gobierno busca avanzar en un pacto fiscal que incluya la reducción de impuestos como Ingresos Brutos y tasas municipales, aunque el contexto es tenso por la caída real de transferencias y recortes presupuestarios. En este escenario, Nación apuesta a una reforma gradual que evite concentrar costos políticos y financieros en una sola medida.