El ingreso de divisas y las compras récord de dólares por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA) marcaron un fuerte contraste en mayo con la debilidad del mercado interno.

Mientras el frente externo muestra dinamismo, el consumo continúa sin reaccionar, configurando una economía de “dos velocidades”.

Pese a la desaceleración de la inflación por segundo mes consecutivo —con estimaciones privadas entre el 2,1% y el 2,3%—, el alivio en los precios aún no se traduce en una mejora del poder adquisitivo ni en una recuperación inmediata del consumo. Desde el Gobierno confían en que, con el tiempo, los salarios puedan ganarle a la inflación.

Algunos analistas, como Fernando Marull, incluso consideran posible que la inflación perfore el 2% en junio, aunque advierten que todavía es prematuro asegurarlo. En paralelo, los indicadores de demanda reflejan un desempeño débil durante mayo.

Entre los datos más relevantes, la venta de autos 0 km cayó 25,6% interanual, afectada por la alta carga impositiva y condiciones de financiamiento más restrictivas. A su vez, la mayor morosidad llevó a las entidades financieras a endurecer el otorgamiento de créditos.

La recaudación tributaria mostró una mejora impulsada por el impuesto a las Ganancias, pero los tributos vinculados al consumo siguen en baja. El IVA DGI cayó 3,2% real en mayo y el impuesto a los débitos y créditos retrocedió 4,1%, confirmando que la demanda interna continúa débil, en un contexto donde empresas también alertan por el impacto del contrabando y la competencia desleal.