El trabajo en plataformas de delivery se consolidó como una fuente de ingresos para miles de personas en Argentina, aunque cada vez exige realizar más entregas para cubrir el costo de vida.

A los ingresos variables se suman los gastos que deben afrontar los repartidores, como combustible, mantenimiento del vehículo y telefonía, lo que reduce aún más su rentabilidad.

De acuerdo con un informe de la Fundación Encuentro, en marzo de 2026 un repartidor necesitó completar 453 pedidos para alcanzar el valor de la Canasta Básica Total de una familia tipo de cuatro integrantes. La remuneración promedio por entrega fue de $3.165,20, sin contemplar propinas ni descontar los costos operativos de la actividad.

Aunque la cantidad de pedidos necesarios prácticamente no varió respecto de diciembre de 2025, el estudio advierte un deterioro del poder adquisitivo. Aumentó la cantidad de entregas requeridas para cubrir gastos individuales, alimentos, alquileres y el costo de crianza, reflejando el impacto del incremento del costo de vida.

Las diferencias entre plataformas también influyen en los ingresos. Mientras PedidosYa actualizó el valor promedio por viaje durante marzo, Rappi mantuvo congeladas sus tarifas desde octubre de 2025, lo que provocó una pérdida del poder de compra para quienes trabajan en esa aplicación.

El modelo laboral de las aplicaciones continúa siendo motivo de debate judicial. Las empresas consideran a los repartidores trabajadores independientes, por lo que no reciben beneficios como vacaciones, aguinaldo, aportes jubilatorios o cobertura por accidentes. Sin embargo, la Justicia bonaerense mantuvo sanciones contra las plataformas al considerar que ejercen un nivel de control compatible con una relación laboral.

El crecimiento del delivery también repercute en el resto de la cadena comercial. Las comisiones que cobran las aplicaciones a los comercios oscilan entre el 25% y el 35% del valor de cada venta, un costo que en muchos casos termina trasladándose al consumidor mediante aumentos en los precios de los productos.

Este escenario se desarrolla en un mercado laboral marcado por una desocupación del 7,8% y una informalidad que alcanza al 44,2% de los trabajadores. En ese contexto, las aplicaciones representan una alternativa rápida para generar ingresos, aunque con remuneraciones inestables, escasa protección laboral y riesgos que recaen casi exclusivamente sobre los propios repartidores.