Visita apostólica

El Santo Padre pisará suelo argentino entre el 8 y el 11 de noviembre en el marco de una gira por Sudamérica. Aunque el país volverá a recibir a un Pontífice tras casi cuatro décadas, la agenda oficial concentró los actos en Buenos Aires, Córdoba y Luján, dejando al interior profundo y al Norte Grande al margen del recorrido pastoral.

La espera de casi cuatro décadas para volver a ver a un Papa en suelo argentino llegó a su fin, aunque el anuncio oficial dejó un marcado sesgo centralista que se siente con fuerza en las provincias del Norte. Este miércoles, el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, confirmó que el papa León XIV realizará una visita apostólica a la Argentina entre el 8 y el 11 de noviembre de 2026, en el marco de una gira sudamericana que abarcará también a Uruguay y Perú.

Se trata de un hecho institucional y religioso de primer orden: la última vez que un Sumo Pontífice estuvo en el país fue en abril de 1987, cuando Juan Pablo II encabezó una recordada gira en tiempos de Raúl Alfonsín. En aquella ocasión, el Papa polaco sí tuvo un gesto federal al recorrer puntos neurálgicos del país, incluyendo una histórica parada en San Miguel de Tucumán. En esta oportunidad, la historia será distinta. Según el esquema preliminar difundido por la Santa Sede, León XIV solo desarrollará actividades en Buenos Aires, la ciudad de Córdoba y el santuario nacional de Luján, dejando al NOA sin presencia papal.

El itinerario internacional del Pontífice se iniciará el 6 de noviembre en Uruguay, donde recorrerá Montevideo, Paysandú y Florida. Tras su breve paso de cuatro días por la Argentina, volará el 11 de noviembre hacia Perú para concretar una extensa agenda en Lima, Chiclayo, Cuzco y Pucallpa, donde finalizará su recorrido el 17 de noviembre. Como se evidencia en el diagrama de los países vecinos, la distribución territorial en Argentina resultó ser notablemente más acotada.

La confirmación fue celebrada rápidamente por el Gobierno nacional. El canciller Pablo Quirno recordó las gestiones realizadas meses atrás ante la Santa Sede para entregar la invitación formal del presidente Javier Milei. Por su parte, desde la Casa Rosada se emitió un comunicado oficial firmado por el Presidente en el que se catalogó al viaje como “un acontecimiento de enorme trascendencia espiritual e institucional para el país y para todos los argentinos”, al tiempo que se garantizó el despliegue de seguridad y la logística del Estado para el evento.

Paralelamente, la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) expresó su entusiasmo bajo el lema “el Pastor viene a encontrarse con su Pueblo”. En su pronunciamiento, los obispos llamaron a las diócesis de todo el país a prepararse para el acontecimiento, destacándolo como una oportunidad para renovar la fe y la fraternidad. No obstante, para los fieles tucumanos y del resto de la región, la preparación implicará, inevitablemente, encarar extensos traslados hacia el centro del país para poder participar de las celebraciones litúrgicas masivas.

El contexto político y social en el que se produce el anuncio también resulta significativo. La visita de un Papa a la Argentina siempre estuvo atravesada por especulaciones e intensos debates sobre el impacto en la agenda interna. Durante su pontificado, el fallecido papa Francisco nunca concretó la postergada visita a su tierra natal, un hecho que generó lecturas contrapuestas durante años. Con León XIV, la relación entre la Casa Rosada y la Santa Sede ingresa en una etapa de pragmatismo e institucionalidad, habiendo quedado atrás los chispazos verbales que el propio mandatario nacional sostuvo en el pasado durante su etapa legislativa.

Aunque la Cancillería, la Nunciatura Apostólica y la CEA continúan ajustando los detalles finos de la agenda oficial, el mapa del viaje parece definitivo. Para el ámbito tucumano, la confirmación reaviva una discusión recurrente sobre la logística de los grandes eventos nacionales y el modo en que las estructuras eclesiásticas y gubernamentales priorizan los grandes centros urbanos de la región pampeana.

¿Considerás que la Iglesia debería descentralizar este tipo de visitas internacionales para incluir a las provincias del Norte, o entendés que razones de logística y tiempo justifican concentrar la agenda en el centro del país?