El departamento Capital concentra más del 44% de la deuda familiar provincial y casi la mitad de la morosidad total. Salarios que no cubren la canasta básica, compras de alimentos financiada con billeteras virtuales a tasas desmedidas y tarifas que insumen los haberes de los adultos mayores configuran un escenario crítico de endeudamiento para subsistir.

EL MAPA DEL ENDEUDAMIENTO EN SAN MIGUEL DE TUCUMÁN

El escenario financiero de los hogares en San Miguel de Tucumán encendió alarmas rojas en el análisis socioeconómico local. Según un relevamiento presentado por la firma Recupero Crediticio by Ostengo, basado en el Mapa de la Deuda del Centro de Estudios de la Ciudad (CEC), el departamento Capital acumula un total de $1,21 billones en deudas personales y familiares. Esta cifra representa el 44,38% de la masa crediticia total de la provincia ($2,72 billones), convirtiendo a la ciudad capitalina en la principal caja de resonancia de la crisis de poder adquisitivo.

La gravedad del diagnóstico radica en la calidad del crédito tomado. Lejos de utilizar el financiamiento para la adquisición de bienes durables, automóviles o mejoras habitacionales, las familias tucumanas apelan de manera sistemática a las tarjetas de crédito, prestamistas no bancarios y billeteras virtuales para financiar gastos cotidianos de estricta subsistencia, tales como alimentos, medicamentos y boletas de servicios públicos.

En términos de morosidad, los indicadores locales resultan inéditos. De los $552.131 millones en cartera irregular registrados en todo el territorio provincial, la Capital absorbe $249.198 millones: prácticamente la mitad de las deudas impagas de Tucumán están concentradas en un solo municipio.

A diferencia del interior provincial, donde la dinámica económica y el flujo de caja dependen del calendario de las campañas agroindustriales como la zafra azucarera o la cosecha del limón, el consumo en la capital está condicionado por la masa salarial de la administración pública, el sector comercial, los servicios financieros y un extendido mercado laboral informal. En los estratos de menores ingresos, los salarios promedios alcanzan para cubrir apenas el 60% de la canasta básica de vida de la provincia.

El informe segmenta la vulnerabilidad financiera en tres rangos etarios marcadamente definidos:

  • Jóvenes de hasta 25 años: Representan el sector más expuesto a la mora estructural. Con índices de informalidad laboral que superan el promedio provincial del 51,5%, este segmento carece de recibos de sueldo y antecedentes financieros para operar en la banca tradicional. Ante esta barrera, recurren a billeteras digitales y crediticias no bancarias que aplican tasas nominales anuales reales cercanas al 144%. Los créditos, que oscilan entre $950.000 y $1,1 millón, se destinan a compras diarias o al sostenimiento de estudios universitarios, derivando en un sobreendeudamiento difícil de revertir.
  • Adultos de entre 46 y 65 años: Concentran el volumen monetario de deuda más elevado. Este grupo abarca a empleados formales del Estado provincial y municipal (docentes, personal de salud, administrativos) y trabajadores de la industria. Aunque su estabilidad laboral mantiene la tasa de morosidad individual en márgenes acotados, el monto de sus compromisos acumulados —que supera los $3,8 millones en bancos privados y los $6 millones en la banca pública— representa un riesgo elevado ante eventuales pérdidas de ingresos o rezagos inflacionarios.
  • Adultos mayores de 75 años: Sufren un deterioro patrimonial constante por el descalce entre los haberes de la jubilación mínima y la quita de subsidios a los servicios públicos regulados. Para 2026, la proyección indica que las facturas de energía eléctrica llegarán a representar casi el 86% del costo real del servicio, empujando a los jubilados a un incumplimiento estructural y silencioso de sus obligaciones para poder alimentarse.

El diagnóstico concluye que la paradoja del crédito en la capital tucumana no estriba únicamente en el volumen adeudado, sino en la mutación de su destino: el financiamiento dejó de ser una herramienta de progreso para convertirse en un salvavidas de plomo que profundiza la vulnerabilidad de las familias.

¿Considerás que el Estado provincial debe regular las tasas de las billeteras virtuales y créditos digitales, o la solución requiere una recomposición urgente de los salarios reales frente a la canasta básica?