El costo de vida continúa marcando exigencias financieras sin precedentes para el presupuesto de los hogares. Según las últimas cifras publicadas por el Instituto de Estadística y Censos correspondientes a julio de 2026, una familia tipo integrada por dos adultos de 35 años y dos niños en edad escolar necesitó un ingreso mínimo de $ 2.558.973 para ser considerada de clase media.
El valor representa un incremento del 2,6% respecto del mes previo ($ 2.493.587) y toma como base a un grupo familiar hipotético que es propietario de su vivienda. Sin embargo, cuando se incorpora el costo de un alquiler familiar urbano, el requerimiento mensual para no caer en la vulnerabilidad supera con holgura los $ 3.800.000. Durante el periodo comprendido entre enero y julio, los contratos de locación registraron un aumento promedio del 19,1%, con un salto interanual del 32,6%.
Los pisos de la pobreza y la indigencia
El reporte estadístico detalla además la evolución de las canastas básicas que marcan las fronteras de la indigencia y la pobreza:
- Canasta de Indigencia (Línea de indigencia): Un hogar requirió $ 880.938 en julio para cubrir exclusivamente sus necesidades alimentarias básicas, reflejando una suba del 2,62% frente a junio ($ 858.407).
- Canasta Básica Total (Línea de pobreza): Para no caer debajo del umbral de la pobreza, la misma familia necesitó $ 1.617.871, lo que representó un incremento mensual del 2,57% en comparación con los $ 1.577.314 requeridos en el mes previo.
- Sectores vulnerables: Aquellos hogares con ingresos situados en la franja comprendida entre los $1,61 millones y los$ 2,55 millones quedaron clasificados en situación de fragilidad económica o “vulnerabilidad”, con riesgo latente de descender de categoría ante cualquier imprevisto financiero o pérdida de empleo.
Los servicios empujan la inflación
La dinámica inflacionaria del periodo volvió a exhibir un comportamiento asimétrico entre bienes de consumo masivo y servicios esenciales. Mientras los bienes aumentaron un 1,4% en el mes, el rubro servicios trepó un 3,8%, traccionado por la actualización en prestaciones de salud privada, educación, tarifas energéticas y expensas. En el acumulado de los primeros siete meses del año, los servicios registran un alza del 21,8% y un acumulado interanual del 36,1%.
En paralelo, el informe social advierte sobre un deterioro persistente en los indicadores de indigencia. La proporción de personas que no logran cubrir sus necesidades nutricionales mínimas pasó del 6,2% al 8,9% interanual, afectando al 6,8% de los hogares.
Esta radiografía del costo de vida pone de manifiesto la distancia cada vez mayor entre los salarios promedio y los montos requeridos para sostener el estándar de vida de la clase media, un desafío recurrente que impacta de lleno en los ingresos y hábitos de consumo de los trabajadores tucumanos.
