Una minuciosa investigación judicial y de Gendarmería Nacional permitió desbaratar una estructura delictiva que operaba entre Salta y Santiago del Estero. El principal sospechoso fue localizado en una zona rural de Metán luego de cometer un insólito error logístico
El mapa de las rutas del narcotráfico en el Noroeste Argentino sufrió un golpe certero en las últimas horas. Tras meses de seguimiento silencioso y rigurosas tareas de inteligencia criminal, Gendarmería Nacional desarticuló una red delictiva interprovincial que distribuía cocaína entre las provincias de Salta y Santiago del Estero, atravesando los corredores neurálgicos que conectan a nuestra región. La causa, instruida bajo las directivas del fiscal federal Eduardo Villalba, culminó con la captura del presunto cabecilla de la organización, un hombre identificado por sus iniciales A.N.
La pesquisa demandó un trabajo minucioso debido a las estrictas medidas de seguridad que adoptaba el sospechoso. Para evadir el radar judicial y no dejar pistas a los sabuesos de las fuerzas de seguridad, el investigado cambiaba de domicilio de forma sistemática. Durante el período en que estuvo bajo vigilancia, llegó a concretar cinco mudanzas en diferentes puntos geográficos, hasta que finalmente optó por replegarse en una zona rural de San José de Metán, a unos 130 kilómetros al sur de la capital salteña, un punto estratégico cercano a las principales arterias viales del norte del país.
De acuerdo con las actuaciones integradas al expediente, la organización contaba con una aceitada cadena de suministro. El líder adquiría los cargamentos de cocaína a través de un proveedor de nacionalidad peruana conocido bajo el alias de “Chino”, quien operaba desde San Ramón de la Nueva Orán, en la frontera caliente del norte. Desde allí, los estupefacientes eran trasladados en primera instancia hacia Salta Capital y luego transportados hacia diversos centros urbanos de Santiago del Estero, donde se fraccionaban para su venta y distribución bajo la modalidad de narcomenudeo.
El quiebre de la investigación se dio a partir de un giro inesperado que selló la suerte del prófugo. Tras comprar una propiedad en los campos de Metán, A.N. decidió contratar a dos peones para que realizaran tareas de desmalezamiento, limpieza del terreno y la apertura de un camino privado de acceso. Sin sospecharlo, los hombres a los que les encomendó las labores eran agentes encubiertos de Gendarmería Nacional abocados al caso, una maniobra táctica que permitió confirmar con absoluta precisión sus movimientos y el sitio exacto donde intentaba blindar su refugio.
Con la ubicación certificada, el fiscal Villalba tramitó con celeridad las órdenes de allanamiento correspondientes ante el juzgado interviniente. El despliegue de las fuerzas federales se ejecutó en simultáneo en cuatro inmuebles vinculados al circuito investigado. El procedimiento central derivó en la detención inmediata de A.N., sindicado por la Justicia como el eslabón jerárquico clave en el aprovisionamiento de sustancias ilícitas en este sector del NOA.
La causa no se detiene con estas detenciones. Las autoridades federales profundizan ahora el peritaje sobre los dispositivos secuestrados, el trazado de las rutas utilizadas para el traslado de las sustancias y los vínculos comerciales de la banda para identificar a posibles cómplices y transportistas que facilitaban la logística a lo largo del territorio regional.
