El Servicio Meteorológico Nacional confirmó un 100% de probabilidad de continuidad del evento para el trimestre en curso. Especialistas explican las diferencias entre un fenómeno “muy fuerte” y los falsos conceptos de redes sociales, en un escenario atravesado por el calentamiento global.

El fenómeno de El Niño se encuentra plenamente activo en la Argentina y los principales centros científicos internacionales coinciden en que su intensidad aumentará en lo que resta del año. Ante la proliferación de versiones alarmistas que inundan las redes sociales, los reportes oficiales del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) aportan certezas técnicas: hay más del 90% de probabilidades de que el evento alcance la categoría de “muy fuerte” hacia el cierre de 2026 y comienzos de 2027.

Para Tucumán y el Noroeste Argentino, donde el régimen de precipitaciones marca el pulso de la producción agrícola, la infraestructura vial y la vida urbana —con cuencas hídricas que descargan con fuerza desde los cerros hacia la llanura—, comprender los alcances de este ciclo resulta indispensable para la toma de decisiones.

El Niño es una de las fases de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un proceso natural recurrente que se manifiesta cada 2 a 7 años debido al calentamiento anómalo de las aguas superficiales en el océano Pacífico ecuatorial. Dicho calentamiento altera la circulación atmosférica global, modificando el desplazamiento de masas de aire, vientos y sistemas de presión. Desde 1981, el fenómeno se presentó 15 veces durante la primavera argentina: en cinco oportunidades fue débil, en cinco moderado y en otras cinco fuerte.

Frente a la circulación de etiquetas como “súper Niño”, los meteorólogos desmienten categóricamente su validez técnica. La escala formal del ENOS clasifica a los eventos únicamente como débiles, moderados, fuertes o muy fuertes; no existe ninguna categoría científica denominada “súper”. Asimismo, los especialistas recalcan que la vigencia de El Niño no significa que cada tormenta aislada, chaparrón o jornada de cielo cubierto sea su consecuencia directa. El Niño no es una tormenta en sí misma, sino un patrón de circulación a gran escala que modifica las probabilidades climáticas a mediano plazo.

La recurrencia de días grises y húmedos registrada a lo largo del invierno en el territorio nacional encuentra allí su explicación: la configuración atmosférica favoreció el desplazamiento de sistemas de baja presión y ríos atmosféricos cargados de humedad hacia el continente. Sin embargo, no todo el territorio reacciona del mismo modo. Para el trimestre agosto-septiembre-octubre, el pronóstico oficial del SMN proyecta lluvias por encima de lo normal en el norte del Litoral, oeste de Cuyo, La Pampa, sudoeste de Buenos Aires y noreste de la Patagonia.

Un aspecto central analizado por investigadores del Conicet y del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA-UBA) es la interacción con el cambio climático. Aunque el ENOS es un ciclo natural independiente del calentamiento global, se desarrolla hoy sobre una atmósfera más cálida. El aire caliente retiene mayor volumen de vapor de agua, lo que incrementa la disponibilidad hídrica al momento de generarse precipitaciones y eleva la probabilidad de que ocurran tormentas severas y eventos extremos.

Por último, los reportes desestiman de forma tajante las teorías conspirativas que adjudican la manipulación o generación del fenómeno a experimentos como el Proyecto HAARP. Dicho programa de la Universidad de Alaska estudia la ionósfera —una capa de la atmósfera situada a cientos de kilómetros de altura— mediante ondas de radio, mientras que los procesos meteorológicos que definen el viento, las nubes y las lluvias transcurren en la troposfera, la capa más baja y en contacto con la superficie. El Niño es un proceso puramente natural de acoplamiento océano-atmósfera sin injerencia tecnológica humana.