La aeronave, operada para la empresa Amazon, despistó al aterrizar y avanzó descontrolada 400 metros más allá de la pista. Atravesó el cerco perimetral e impactó contra una furgoneta de mantenimiento y un automóvil particular.

Un escenario de devastación total dejó como saldo cinco víctimas fatales en el Aeropuerto Internacional de Miami (MIA), luego de que un avión de carga que operaba para la compañía Amazon sufriera un violento despiste al finalizar su aterrizaje. Con el correr de las horas, los reportes periciales confirmaron un dato determinante sobre el desenlace fatal: ninguna de las personas fallecidas se encontraba en la cabina de la aeronave, sino que todas permanecían en tierra al momento de la colisión, distribuidas en dos rodados que fueron arrollados durante el trayecto descontrolado de la máquina.

El vuelo, cubierto por un Boeing 767-300 procedente del Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín de San Juan de Puerto Rico, tomó contacto con la pista durante la jornada del domingo. Sin embargo, por causas que son motivo de análisis exhaustivo, la tripulación no logró reducir la velocidad ni detener la máquina dentro de los márgenes previstos de la superficie asfaltada.

Tras superar la cabecera, la aeronave continuó su desplazamiento sin gobierno a lo largo de 400 metros fuera de pista. En ese violento avance, el aparato arrasó primero con una furgoneta Ford Econoline perteneciente a una firma de limpieza que brinda servicios operativos a diversas líneas aéreas comerciales. En dicho utilitario se trasladaban siete operarios en plena jornada laboral. El impacto destrozó por completo la unidad y causó estragos entre sus ocupantes.

Lejos de detenerse, la masa del Boeing siguió su curso, destrozó las vallas metálicas de contención perimetral que delimitan el aeropuerto y cruzó hacia la traza urbana sobre la avenida NW 67th. En esa arteria pública, la aeronave embistió de lleno a un segundo vehículo particular que circulaba circunstancialmente por la zona exterior, completando un saldo de destrucción que encendió las máximas alertas de los organismos de seguridad de los Estados Unidos.

Durante el lunes, los equipos de emergencia y rescate alcanzaron un avance procesal clave para desentrañar la mecánica técnica del siniestro. La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB, por sus siglas en inglés) confirmó la recuperación intacta de los dos dispositivos de registro del avión: el grabador de datos de vuelo (FDR) y el grabador de voces de cabina (CVR), conocidos técnicamente como las cajas negras.

La titular de la NTSB, Jennifer Homendy, ratificó el hallazgo durante una conferencia de prensa y precisó que ambas unidades ya fueron trasladadas a los laboratorios especializados para iniciar la extracción de parámetros. El análisis permitirá a los investigadores reconstruir el desempeño de los frenos, empuje de reversa, alerones y velocidad exacta del toque, sumado a las órdenes e interacciones registradas entre el piloto y el copiloto durante la aproximación y los segundos críticos del rodaje.

Para quienes seguimos la actividad aeronáutica desde el interior del país —donde terminales como nuestro Aeropuerto Benjamín Matienzo en Cevil Pozo conviven con intensa carga estacional de exportación y vuelos regulares de pasajeros—, la rigidez de las áreas de seguridad perimetral y las zonas de parada de emergencia (EMAS) vuelven a colocarse en el centro del debate logístico internacional frente a contingencias mecánicas imprevistas.