Contaminación del río Salí: un estudio detectó niveles de materia fecal 2.400 veces superiores a los permitidos
Un relevamiento científico realizado en el corredor urbano detectó concentraciones críticas de coliformes fecales en el tramo que atraviesa el Gran Tucumán. El pico más alarmante se registró a la altura del puente Ingeniero Barros, lo que motivó la presentación de un proyecto legislativo para declarar el saneamiento integral de la cuenca.
La situación ambiental de los recursos hídricos en la provincia volvió a quedar en el centro de la escena tras conocerse un riguroso estudio sobre la calidad del agua en el río Salí. El informe reveló una alarmante contaminación microbiológica en el tramo que atraviesa de norte a sur el Área Metropolitana de Tucumán, registrando en sectores estratégicos picos de coliformes fecales hasta 2.400 veces superiores a los parámetros máximos recomendados.
El relevamiento, cuyas muestras fueron certificadas por escribana pública y analizadas bajo estrictos protocolos por la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc), abarcó el corredor comprendido entre Las Talitas y San Miguel de Tucumán, extendiéndose hacia Alderetes y Banda del Río Salí.
Puntos críticos y origen del problema
Las extracciones se concretaron en cuatro estaciones clave para medir la evolución del caudal: el dique La Aguadita, el puente Ingeniero Barros —que vincula la Capital con Alderetes—, el puente Lucas Córdoba y el sector de canteras ubicado al sur del aglomerado urbano.
Si bien el análisis químico descartó la presencia de valores significativos de metales pesados en los sitios evaluados, el panorama cambió drásticamente al evaluar la carga bacteriológica. Tomando como referencia los parámetros de control, el punto más crítico se detectó en el puente Ingeniero Barros, donde la presencia de materia fecal superó en 2.400 veces los límites tolerables, una cifra que evidencia el impacto directo de los efluentes cloacales crudos.
Los especialistas vincularon este fenómeno a una sumatoria de factores estructurales de la región metropolitana: desde las descargas de plantas depuradoras como la de Las Talitas —que recibe los líquidos de Tafí Viejo y Villa Carmela— y colectores como el Canal Norte y el Canal Sur, hasta la falta de redes cloacales en numerosas comunas y asentamientos ribereños donde los residuos domiciliarios terminan vertiéndose de manera directa al cauce.
Impacto sanitario y respuestas legislativas
Ante este cuadro de situación, que los especialistas califican como una crisis socioambiental compleja, el legislador José Seleme impulsó el proyecto de ley denominado “Miremos al río”. La iniciativa advierte sobre el estado de emergencia ambiental en una cuenca donde habita cerca de un millón de personas y propone un abordaje estructurado en cuatro ejes: saneamiento hídrico, recuperación de ecosistemas, gestión de riesgos urbanos e inclusión social para las familias asentadas en las riberas.
Desde el sector oficial reconocieron la magnitud del problema y señalaron que, más allá de la capacidad de autodepuración del río y los controles sobre los efluentes industriales, la solución requiere políticas de Estado sostenidas en el tiempo que contemplen tanto la infraestructura sanitaria como la vulnerabilidad habitacional en todo el recorrido metropolitano.
