Alerta por el “Súper Niño”: un especialista de la UNT advierte sobre tormentas intensas y zonas vulnerables en Tucumán
Foto: Redacción Radio Contacto 104.5 MHz
El ingeniero Leandro Díaz, especialista de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología, explicó que la provincia afronta un período de precipitaciones concentradas en cortos períodos. El avance urbano sobre antiguos cauces y la falta de planificación hídrica integral agravan el riesgo de inundaciones.
Tucumán se encuentra a las puertas de una temporada de lluvias que estará marcada por tormentas de alta intensidad y corta duración. Aunque los acumulados totales de agua podrían mantenerse dentro de los parámetros históricos habituales, la frecuencia de los episodios extremos representa una amenaza creciente para gran parte del territorio provincial, especialmente debido a la vulnerabilidad generada por el crecimiento urbano desordenado sobre antiguos cauces y zonas naturales de escurrimiento.
Así lo advirtió el ingeniero Leandro Díaz, director del Laboratorio de Construcciones Hidráulicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología (Facet) de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). El especialista explicó que el verdadero cambio en el comportamiento climático no radica necesariamente en un aumento generalizado del milimetraje, sino en la violencia con la que descargan las tormentas en sectores geográficos muy reducidos.
El impacto del fenómeno y la geografía tucumana
Este escenario climatológico está fuertemente asociado a la fase cálida de El Niño —potenciada como un “Súper Niño”—, un fenómeno caracterizado por el calentamiento de la superficie del océano Pacífico ecuatorial que altera la circulación atmosférica global. A esto se suma el calentamiento general de la atmósfera, que aporta mayor energía para el desarrollo de sistemas tormentosos severos.
A nivel local, la geografía tucumana actúa como un factor intensificador. Las cadenas montañosas ubicadas al norte y oeste de la provincia frenan los vientos húmedos provenientes del sureste, provocando precipitaciones copiosas y repentinas, principalmente en la zona del piedemonte. Esta combinación pone bajo fuerte presión a los sistemas de drenaje urbano, los cuales deben evacuar grandes volúmenes de agua en lapsos mínimos.
Urbanización sobre cauces y falta de coordinación
El especialista distinguió entre las inundaciones pluviales —ocasionadas cuando la intensidad de la lluvia supera la capacidad de los desagües y sistemas de canales como los colectores Cintura Norte y Sur en la capital— y las inundaciones por desborde de ríos, tal como ocurre históricamente en localidades del interior como La Madrid.
Sin embargo, Díaz remarcó que el factor climático es solo una parte del problema. El principal agravante radica en la ocupación humana de áreas que originalmente funcionaban como espacios naturales de amortiguación hídrica. Recordó, a modo de ejemplo, que sectores emblemáticos como el actual Parque 9 de Julio formaban parte de una zona pantanosa vinculada con las crecidas del río Salí antes de la construcción del dique El Cadillal.
Asimismo, alertó sobre la presencia de viviendas levantadas sobre el cauce mayor del río Salí, construcciones irregulares en el Camino de Sirga y el desarrollo de urbanizaciones sobre antiguos abanicos aluviales (lechos de deyección) y paleocauces. La impermeabilización masiva del suelo mediante pavimentos y edificaciones acelera el escurrimiento superficial, incrementando el volumen de agua que converge de manera simultánea hacia las calles.
Propuestas de solución y prevención
Frente a este diagnóstico, el especialista consideró insuficiente limitar las tareas preventivas a operativos extraordinarios de limpieza antes o después de las tormentas. Propuso destinar una partida presupuestaria anual específica que garantice un mantenimiento sistemático y continuo de toda la infraestructura hídrica provincial a lo largo de ciclos plurianuales.
Asimismo, cuestionó la fragmentación administrativa del Estado tucumano, señalando la ausencia de un organismo centralizado que articule la planificación hídrica a gran escala y rompa las barreras burocráticas entre distintas áreas técnicas.
Finalmente, Díaz subrayó que ninguna obra de ingeniería puede garantizar la eliminación absoluta de las inundaciones, por lo que insistió en la necesidad de complementar la infraestructura con un estricto ordenamiento territorial. Esto incluye la elaboración de mapas de riesgo hídrico, la prohibición de construir en zonas vulnerables y la exigencia de que los nuevos emprendimientos inmobiliarios implementen sistemas de retención temporal de agua de lluvia para evitar trasladar el problema de drenaje hacia los barrios ubicados aguas abajo.
