Argentina logró una trabajada victoria por 3-2 frente a Cabo Verde y aseguró su clasificación a los octavos de final del Mundial, aunque el rendimiento del equipo dejó varias dudas. Tal como había anticipado Lionel Scaloni, ya no existen rivales sencillos en una Copa del Mundo, y la Selección debió exigirse al máximo para superar a una de las revelaciones del torneo.

Más allá del resultado, el partido volvió a exponer algunas dificultades del conjunto argentino. En varios pasajes perdió el control del juego, mostró desajustes defensivos y dependió de acciones individuales para sostener la ventaja, un aspecto que preocupa de cara a la fase decisiva del campeonato.
Lionel Messi volvió a ser el jugador determinante del equipo. El capitán lideró los ataques y apareció en los momentos clave, aunque la creciente dependencia de su talento vuelve a abrir el debate sobre la necesidad de encontrar un funcionamiento colectivo más sólido que no dependa exclusivamente de su figura.
Entre los puntos altos también sobresalieron Lisandro Martínez, que aportó una asistencia y un gol, y Emiliano “Dibu” Martínez, quien respondió con atajadas decisivas en el tramo final para asegurar la clasificación cuando Cabo Verde presionaba en busca del empate.
En contrapartida, Argentina continúa mostrando interrogantes en algunos sectores del campo. La disputa por el lateral derecho sigue sin un dueño definido entre Nahuel Molina y Gonzalo Montiel, mientras que el mediocampo necesita mayor profundidad y creatividad para transformar el dominio de la pelota en situaciones claras de gol.
Ahora el desafío será Egipto, un rival de mayor exigencia que pondrá a prueba la capacidad de reacción del equipo. La clasificación ya está asegurada, pero si Argentina pretende volver a pelear por el título deberá corregir falencias, recuperar su mejor versión futbolística y respaldar su entrega con un funcionamiento más convincente.
