
¿Alguna vez nos pusimos a pensar cuánto cambió la medicina y nuestra salud en las últimas décadas? Las transformaciones fueron impresionantes. Si miramos atrás -unos 80 años más o menos, cuando los canillitas empezaban a ofrecer un nuevo diario llamado Clarín- el panorama era muy distinto.
Desde los laboratorios hasta los quirófanos, desde las campañas de vacunación hasta los grandes descubrimientos científicos, la humanidad fue testigo de cómo el conocimiento médico ha mejorado la vida de millones de personas. Argentina, con sus científicos, médicos y políticas de salud pública, también dejó su huella.
Imaginemos un mundo sin antibióticos masivos. Aunque la penicilina se descubrió antes, fue después de la Segunda Guerra Mundial, a partir de mediados de los años 40, que su uso se generalizó y revolucionó el tratamiento de infecciones que antes podían ser mortales. Y lo mismo pasó con las vacunas. Hoy está prácticamente erradicada, pero la poliomielitis era una enfermedad que causaba terror. Y gracias a las vacunas desarrolladas por Jonas Salk y Albert Sabin en los años 50, la poliomielitis hoy es una noticia del pasado. Luego vendrían vacunas para el sarampión, las paperas, la rubéola y muchas más, protegiendo a millones de niños y adultos.
En 1947, el médico Bernardo Houssay fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina, convirtiéndose en el primer latinoamericano en recibir ese reconocimiento en ciencias. Su trabajo sobre las hormonas y el metabolismo de los azúcares sentó las bases para comprender enfermedades como la diabetes. Fue también un gran impulsor de la investigación científica en el país, y formador de generaciones de investigadores.
Otro nombre clave en la ciencia argentina es el de Luis Federico Leloir, quien ganó el Premio Nobel de Química en 1970 por descubrir cómo las células procesan los azúcares. Este hallazgo fue crucial para entender enfermedades hereditarias raras, y marcó un hito en la bioquímica mundial. Y como no hay dos sin tres, el investigador César Milstein, fue Nobel en 1984 por su trabajo con anticuerpos monoclonales
Durante las décadas del 40 y 50, el sanitarismo en Argentina vivió un momento fundamental con el trabajo del médico Ramón Carrillo, el primer ministro de Salud de la Nación. Carrillo promovió una mirada integral de la salud, con políticas de prevención, vacunación y construcción de hospitales en todo el país. Su enfoque fue pionero al entender que la salud no dependía sólo de médicos y remedios, sino también de las condiciones sociales.
Un momento revolucionario en la cirugía llegó en 1967, cuando se realizó el primer trasplante de corazón en Sudáfrica. Y poco después, en 1967 también, el cirujano argentino René Favaloro desarrolló la técnica del bypass coronario, que salvó y sigue salvando millones de vidas en todo el mundo. Favaloro no sólo fue un innovador en lo técnico, sino también un apasionado defensor de una medicina humanista, accesible y ética.
En las décadas siguientes, la tecnología empezó a jugar un rol cada vez más importante y con ella, se dió un aumento en la expectativa de vida. A fines del siglo XX aparecieron las primeras resonancias magnéticas, tomografías computadas y cirugías mínimamente invasivas, que permitieron a los médicos “ver” dentro del cuerpo humano sin necesidad de cirugías abiertas, revolucionando el diagnóstico de muchísimas enfermedades. Al mismo tiempo, los trasplantes de órganos se hicieron más frecuentes, y surgieron nuevas especialidades médicas.
