Dos drones iraníes impactaron contra la embajada de Estados Unidos en Riad, capital de Arabia Saudita, en un ataque que, según el Ministerio de Defensa saudita, provocó un incendio acotado y daños materiales menores, sin dejar víctimas.
El bombardeo se inscribe en una ofensiva más amplia de Irán contra países del Golfo Pérsico —entre ellos Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Qatar— en un nuevo capítulo de la escalada regional.

Tras el ataque, la sede diplomática estadounidense emitió una alerta de seguridad para sus ciudadanos en Riad, Jeddah y Dhahran, instándolos a buscar refugio y extremar precauciones ante eventuales nuevas amenazas. Las autoridades sauditas iniciaron una investigación para determinar las circunstancias del hecho, mientras se refuerzan las medidas de protección en instalaciones estratégicas.
Desde Washington, el presidente Donald Trump advirtió que habrá represalias “pronto”, elevando la tensión con Teherán en un escenario ya atravesado por enfrentamientos indirectos y disputas de influencia en Medio Oriente. El incidente no solo impacta en la relación bilateral entre Estados Unidos e Irán, sino que reconfigura el tablero de seguridad en el Golfo, con potenciales consecuencias para la estabilidad energética y diplomática de la región.
