
El encuentro entre Independiente y Universidad de Chile, válido por los octavos de final de la Copa Sudamericana, fue cancelado por la Conmebol debido a los graves incidentes registrados en las tribunas del estadio Libertadores de América – Ricardo Enrique Bochini.
El partido, que se disputaba en Avellaneda y se encontraba 1-1 en el inicio del segundo tiempo, quedó detenido a los 47 minutos por el árbitro uruguayo Gustavo Tejera, tras el ingreso de hinchas al campo de juego y múltiples disturbios en las cabeceras.
De acuerdo con los reportes oficiales, simpatizantes de Universidad de Chile arrojaron objetos contundentes desde la bandeja superior hacia la parcialidad local, lo que generó heridos y caos en la tribuna baja. Posteriormente, barras de Independiente ingresaron a ese sector y agredieron a los visitantes, provocando escenas de extrema violencia.
Las cifras de afectados varían según los informes: se registraron más de 170 heridos y al menos 125 detenidos, aunque otras fuentes hablan de hasta 300 visitantes demorados y 10 heridos de gravedad. La Unidad Fiscal de Información Nº4 de la Provincia de Buenos Aires interviene en la causa.
El operativo de seguridad incluyó a 650 efectivos policiales y 150 agentes privados, aunque la mayor parte se encontraba fuera del estadio en el momento más crítico de los incidentes. Recién tras varios minutos efectivos ingresaron a la tribuna conflictiva, cuando la violencia ya había dejado imágenes impactantes y un clima de desprotección para los hinchas neutrales, mujeres, niños y adultos mayores presentes en el lugar.
Cerca de las 23.30, tras media hora de incertidumbre y con ambos planteles ya en vestuarios, Conmebol comunicó la cancelación definitiva del encuentro por “falta de garantías de seguridad” y derivó el caso a una comisión disciplinaria.
En lo estrictamente deportivo, el empate parcial favorecía a Universidad de Chile, que había ganado 1-0 en la ida disputada en Santiago. Independiente necesitaba imponerse por al menos un gol para forzar la definición por penales.
La noche en Avellaneda terminó con un saldo alarmante: decenas de heridos trasladados a hospitales, más de un centenar de detenidos y un espectáculo interrumpido por la violencia, en un escenario donde el fútbol quedó en segundo plano.
