Las guerras contemporáneas están cambiando radicalmente debido al avance de la tecnología.

Según el especialista en inteligencia artificial Eduardo Laens, hoy los conflictos ya no se definen únicamente por la potencia militar, sino por la capacidad de procesar datos, controlar redes y operar sistemas tecnológicos. Herramientas como la inteligencia artificial, la vigilancia satelital, los ciberataques y los drones transformaron el campo de batalla, trasladando gran parte de las operaciones a servidores, redes digitales y sistemas automatizados.

Uno de los cambios más visibles es el uso masivo de drones de bajo costo, capaces de destruir equipamiento militar mucho más caro, alterando la lógica tradicional de los conflictos. En guerras recientes, como la de Guerra entre Rusia y Ucrania, estos dispositivos generan gran parte de las bajas en el frente. A la vez, la guerra electrónica y el control del espectro electromagnético se volvieron claves para interferir comunicaciones, bloquear señales y procesar enormes volúmenes de datos provenientes de sensores y satélites en tiempo real.

A este escenario se suma un nuevo frente: la guerra informativa. Las herramientas de IA generativa permiten crear contenidos falsos extremadamente realistas, conocidos como deepfake, utilizados para propaganda o manipulación psicológica. Expertos advierten que el impacto no solo radica en las noticias falsas, sino en la creciente desconfianza sobre cualquier evidencia digital. En este contexto, la ciberseguridad, los centros de datos y las plataformas tecnológicas se consolidan como objetivos estratégicos dentro de los conflictos modernos.