Los avances médicos y el fortalecimiento de los sistemas de salud elevaron de manera significativa las tasas de curación del cáncer infantil.

Según la Organización Mundial de la Salud, entre el 70% y el 80% de los niños y adolescentes diagnosticados pueden superar la enfermedad en países con atención adecuada. En la Argentina se registran entre 1.300 y 1.400 casos nuevos por año, y especialistas destacan que el diagnóstico precoz y el acceso a tratamiento oportuno son determinantes para mejorar el pronóstico.

El cáncer pediátrico presenta características biológicas distintas a las de los tumores en adultos y, en la mayoría de los casos, no está vinculado a factores ambientales sino a alteraciones genéticas del desarrollo. Las formas más frecuentes son la leucemia linfoblástica aguda, los tumores del sistema nervioso central y los linfomas. De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, la leucemia linfoblástica aguda —que décadas atrás era considerada letal— hoy supera el 70% de supervivencia a cinco años gracias a los tratamientos actuales.

El abordaje requiere equipos multidisciplinarios y un acompañamiento integral que incluya contención psicológica, apoyo social y seguimiento a largo plazo para reducir secuelas. En esa línea, la Iniciativa Mundial contra el Cáncer Infantil impulsa elevar la supervivencia global al 60% hacia 2030, con un modelo que no solo prioriza la curación, sino también la calidad de vida y el desarrollo pleno de cada niño y adolescente.