Con el dólar estabilizado en torno a los $1.400 y una inflación que se mantiene cerca del 2,5% mensual, el pequeño ahorrista vuelve a preguntarse cómo proteger sus pesos.
En un escenario de calma cambiaria sostenida por el ingreso de divisas del agro y sin señales inmediatas de un salto brusco del tipo de cambio, un especialista recomienda dejar de lado el reflejo automático de dolarizarse y poner el foco en el rendimiento real de las opciones en moneda local, al menos en el corto plazo.

El diagnóstico combina inflación persistente y actividad económica débil, un equilibrio que condiciona las decisiones sobre tasas. Si los rendimientos en pesos logran ubicarse por encima de la suba esperada de precios —que el consenso proyecta en torno al 23% anual—, instrumentos como el plazo fijo tradicional o los saldos remunerados de billeteras virtuales pueden resultar atractivos para perfiles conservadores, sobre todo si ofrecen liquidez y cobertura frente al avance mensual del IPC.
Para quienes evalúan alternativas de mayor riesgo, como fondos comunes, bonos o acciones, el consejo es actuar con cautela y horizonte más amplio, dado que la volatilidad y el riesgo país influyen en los precios. En todos los casos, la clave pasa por comparar tasas efectivas, plazos y condiciones antes de decidir. Con una ventana de relativa estabilidad hasta mitad de año, la estrategia sugerida es priorizar instrumentos en pesos que paguen interés, mantener liquidez y seguir de cerca las señales económicas para ajustar la cartera si el escenario cambia.
