Desde Techint señalaron que las modificaciones en el comercio global ya impactan en la competitividad local y ponen en riesgo la continuidad operativa de varios sectores.

La creciente expansión de China en los mercados globales volvió a encender alarmas en la industria argentina, un tema que dominó el Seminario Propymes del Grupo Techint, donde directivos y especialistas analizaron cómo el reordenamiento del comercio mundial reconfigura precios, flujos comerciales y la competitividad local.

Durante el encuentro, Paolo Rocca y su equipo advirtieron que el avance chino generó presiones inéditas sobre sectores industriales de todo el mundo, y que la reacción de Estados Unidos —sumada a nuevas tensiones geopolíticas— instaló un escenario diferente, con reglas más duras y disputas abiertas por los mercados. Para la Argentina, subrayaron, este cambio global exige una redefinición estratégica.

Javier Martínez Álvarez señaló que Occidente cometió un error al subestimar el modelo industrial planificado de China y afirmó que la apertura indiscriminada afectó a numerosos países. “El mundo cambió de juego y Argentina no puede seguir jugando al fútbol cuando el partido ya es hockey sobre hielo”, graficó el ejecutivo, al remarcar que el país debe adaptarse a nuevas condiciones de competencia.

Los directivos coincidieron en que la industria local enfrenta riesgos por la primarización y la presión de manufacturas chinas a precios bajos, mientras que la alianza entre Argentina y Estados Unidos podría abrir oportunidades en energía, industria y exportaciones si el país logra mejorar su competitividad interna con reformas laborales, impositivas y una mayor estabilidad macroeconómica.

En el panel energético, Tecpetrol destacó el papel central de la industria nacional en el desarrollo de Vaca Muerta, que permitió récords de producción, una menor dependencia de importaciones de gas y nuevas exportaciones a la región. Sostuvieron que la cadena de valor creada en torno al shale puede transformar al país si se integra a largo plazo.

El panorama del acero, presentado por Ternium, mostró cifras contundentes: China explicó el 35% de las manufacturas globales, triplicó su superávit comercial y multiplicó por siete sus exportaciones de autos. En acero, pasó de exportar 54 a 132 millones de toneladas en cinco años, un volumen equivalente al doble de lo que consume toda América Latina. Esa presión llevó al mundo a implementar más de 1.000 medidas de defensa comercial, muchas con aranceles del 50% al 100%.

Para Argentina, el desafío es claro: recuperar competitividad, invertir en tecnología, revisar impuestos que castigan el valor agregado, reducir la litigiosidad laboral y diseñar una estrategia de inserción internacional que contemple cómo administrar la influencia china sin resignar industria ni empleo. El sector, advirtieron, necesita condiciones estables para sostener su futuro.