A un año de la eliminación del cepo cambiario para personas físicas, el Gobierno consolidó un esquema de flotación administrada con bandas que, si bien logró sostenerse, atravesó momentos de alta tensión.

La medida, anunciada en abril de 2025 junto a un acuerdo con el FMI, buscó normalizar el mercado y reducir la brecha cambiaria. En ese contexto, la demanda de dólares por parte de los ahorristas creció con fuerza, especialmente durante la volatilidad electoral, mientras que las empresas continuaron afectadas por restricciones que aún persisten.

El funcionamiento del esquema estuvo marcado por intervenciones del Banco Central de la República Argentina, que debió vender reservas en momentos críticos para contener la suba del dólar, además de apoyos externos como el respaldo de Estados Unidos. Tras las elecciones, el Gobierno introdujo ajustes que permitieron cierta estabilización, incluyendo una mayor flexibilidad en las bandas cambiarias y un tipo de cambio más alto que luego fue aprovechado para recomponer reservas.

De cara a 2026, el principal objetivo oficial es fortalecer la posición externa mediante la acumulación de divisas, en un esquema que aún es considerado frágil por analistas debido a la falta de reservas propias y el acceso limitado a los mercados internacionales. Si bien las recientes flexibilizaciones apuntan a mejorar el funcionamiento del sistema, persisten desafíos clave, como eliminar restricciones cambiarias pendientes y sostener la compra de dólares para afrontar futuros compromisos financieros en un contexto todavía incierto.