El Gobierno enfrenta un momento clave para retomar con rapidez la agenda económica, con la desinflación y la recuperación del consumo como prioridades centrales.
A diferencia de la crisis cambiaria que atravesó Mauricio Macri en abril de 2018, hoy no se vislumbra una zozobra financiera inmediata, pero sí un escenario político complejo marcado por distintos escándalos que afectan uno de los principales activos del oficialismo: su discurso contra “la casta”. En este contexto, la gestión económica aparece como la principal herramienta para desplazar estos temas de la agenda pública.

Las perspectivas para los próximos meses muestran algunas señales favorables. Se espera una desaceleración de la inflación, con estimaciones que ubican el IPC por debajo del 2,5% en abril, acompañada por estabilidad cambiaria y medidas como el freno temporal en el precio de los combustibles. Además, el ingreso de dólares de la cosecha gruesa podría fortalecer las reservas del Banco Central y facilitar una mayor liquidez en la economía, aunque el Gobierno mantiene cautela para evitar presiones inflacionarias.
Sin embargo, persisten desafíos importantes. La recuperación económica aún no se refleja plenamente en el empleo ni en los salarios, con el crecimiento concentrado en sectores de baja generación de trabajo. A esto se suma la incertidumbre sobre el tipo de cambio, con un peso apreciado que afecta la competitividad y complica a la industria en un contexto de apertura económica. Así, el rumbo de los próximos meses dependerá de que la mejora macroeconómica logre trasladarse a la vida cotidiana y sostener la confianza en un escenario aún frágil.
