El consumo de carnes en Argentina atraviesa una transformación.

Aunque el país sigue siendo uno de los mayores consumidores de proteínas animales del mundo, la carne vacuna pierde terreno frente al pollo y el cerdo, en un contexto marcado por precios más estables y consumidores cada vez más atentos al costo de los alimentos.
Un informe de Rosgan señala que los precios de la carne vacuna ingresaron en una etapa de mayor estabilidad. En junio, el valor promedio de los cortes aumentó apenas un 0,3%, alcanzando los $18.617 por kilo y completando tres meses consecutivos con subas por debajo de la inflación.
En paralelo, el consumo aparente de carne vacuna cayó a 47,4 kilos por habitante al año, un 6,4% menos que en mayo de 2025. Sin embargo, el estudio aclara que este indicador refleja la disponibilidad para el mercado interno y no el consumo efectivo, por lo que recomienda analizar la tendencia junto con otros datos.
La principal modificación se observa en la composición de la demanda. Mientras la carne vacuna descendió desde los 49,2 kilos por habitante registrados en 2021, el consumo de pollo se mantuvo estable en torno a los 46,7 kilos y el de cerdo creció con fuerza, pasando de 15 a 19,6 kilos por persona al año.
Según Rosgan, la diferencia de precios explica gran parte de este cambio. Con el valor de un kilo de carne vacuna es posible comprar aproximadamente dos kilos de carne porcina o casi cuatro kilos de pollo, una relación que impulsó la elección de alternativas más económicas sin reducir el consumo total de carnes, que actualmente ronda los 114 kilos por habitante al año.
El informe también destaca la aparición de un nuevo factor en el mercado: el ingreso de carne vacuna importada. Aunque todavía representa un volumen reducido, las más de 11.500 toneladas ingresadas en los primeros cinco meses del año comienzan a ampliar la oferta disponible y reflejan un cambio estructural que podría contribuir a un mercado más competitivo y equilibrado en los próximos años.
