El peronismo atravesó una de sus semanas más complejas del año tras perder votaciones clave en ambas cámaras —la reforma laboral en el Senado y el Régimen Penal Juvenil en Diputados— y exhibir divisiones en el debate por el acuerdo Mercosur–Unión Europea.
Aunque el interbloque votó unido contra la reforma laboral, la cohesión fue apenas circunstancial: las diferencias entre el peronismo del interior y el kirchnerismo siguen profundizándose. En paralelo, el revés judicial para Cristina Kirchner, a quien la Cámara de Casación le rechazó pedidos de flexibilización de sus condiciones de detención, impactó en el ánimo interno y volvió a exponer la fragilidad del liderazgo.

La tensión más delicada se concentra en el Senado, donde un grupo de legisladores analiza romper el interbloque peronista en medio del fuerte enojo de gobernadores del norte con Ricardo Quintela, acusado de presionar para forzar alineamientos. Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo y Gustavo Sáenz marcaron distancia del kirchnerismo duro, mientras crecen los contactos del PJ federal para explorar un armado más amplio de cara a 2027. La posible fractura abriría un proceso de reconfiguración que el espacio arrastra, latente, desde hace más de un año.
En este escenario de fragmentación, Axel Kicillof avanza en su propio posicionamiento nacional tras asumir la conducción del PJ bonaerense, mientras en varios distritos se encaminan internas partidarias que reflejan la falta de síntesis. Los gobernadores tantean un esquema federal que reemplace al viejo Frente de Todos y el kirchnerismo insiste con la consigna “Cristina libre”, aunque con influencia menguante. Con el oficialismo consolidando acuerdos parlamentarios, el peronismo enfrenta el desafío de redefinir liderazgo, estrategia y alianzas si pretende volver a ser competitivo frente a Javier Milei.
