Una fuerte intervención del Tesoro de los Estados Unidos calmó a Wall Street y fortaleció a los mercados emergentes, pero los títulos de deuda locales volvieron a operar en terreno negativo. Las dudas sobre la recuperación del consumo y el escenario electoral le ponen un freno a la plaza financiera.

El tablero financiero internacional vivió una jornada de marcado alivio que, sin embargo, no logró contagiar a la plaza local. A contramano de la recuperación generalizada que exhibieron los activos de riesgo en los países emergentes tras una decisiva intervención del Tesoro de los Estados Unidos, los títulos soberanos argentinos registraron nuevas caídas. La desconfianza de los inversores se tradujo en una suba del riesgo país, que escaló hasta los 517 puntos básicos, afianzándose por encima de la barrera de los 500 enteros.

El disparador global provino de Washington. El secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, anunció una duplicación en las operaciones de recompra de bonos soberanos de largo plazo (pasando de USD 2.000 millones a USD 4.000 millones por subasta entre septiembre y noviembre). La medida puso un freno directo al salto de los rendimientos a 30 años en EE.UU., que habían tocado techos no vistos desde 2007. Esta inyección de liquidez desactivó la corrección en Wall Street, recortó las tasas de referencia e impulsó con fuerza activos alternativos como el oro —que avanzó un 4% hacia los USD 4.500— y el Bitcoin, que superó la marca de los USD 69.000.

Pese a ese viento de cola externo, los bonos en dólares de la Argentina se desacoplaron por completo de la tendencia. La deuda soberana operó en baja durante toda la rueda, llevando los rendimientos promedio en dólares al 10% anual, con caídas que castigaron con mayor dureza a los tramos de vencimiento más largo y a las recientes colocaciones en el mercado doméstico, como el Bonar 28 y el Bonar 29.

En el segmento de deuda en pesos, los títulos duales —que amortizan capital en períodos posteriores a los comicios presidenciales— también sufrieron liquidaciones, elevando sus tasas a niveles del 10% anual por encima de la tasa TAMAR de plazos fijos mayoristas. En el plano accionario, los papeles bancarios que cotizan en Nueva York (ADR) profundizaron su saldo negativo con retrocesos acumulados superiores al 15% en dólares en lo que va del mes, mientras que el índice S&P Merval de la Bolsa de Buenos Aires cedió un 0,59%.

El análisis de la City porteña y los operadores regionales coincide en que los rendimientos actuales aún no compensan la incertidumbre política y macroeconómica doméstica. Los inversores miran con cautela el desgaste en los índices de aprobación de la gestión del presidente Javier Milei —en torno al 35%— y la falta de señales claras de reactivación en los salarios reales y el consumo masivo. En tanto la economía real del interior y de los grandes centros urbanos continúe mostrando dificultades para dinamizarse, la prima de riesgo argentina continuará exigiendo tasas elevadas para captar financiamiento.