La creencia de que el corazón puede detenerse al estornudar es un mito sin sustento científico. Especialistas de la Cleveland Clinic explican que una parada cardíaca implica la interrupción de los latidos durante al menos tres segundos, algo vinculado a trastornos graves como arritmias, y que el estornudo no genera pausas clínicamente relevantes.

Aunque puede producir una leve variación momentánea del ritmo, el corazón continúa latiendo con normalidad.

Durante el estornudo aumenta de forma transitoria la presión en el tórax y se activa el nervio vago, lo que puede enlentecer apenas el pulso por un instante. Sin embargo, los registros de pacientes con monitores cardíacos implantados no muestran alteraciones peligrosas asociadas a este reflejo. El sistema cardiovascular está preparado para adaptarse a estos cambios, del mismo modo que lo hace ante el ejercicio o el estrés.

En casos extremadamente raros puede presentarse el llamado síncope del estornudo, un desmayo breve por caída súbita de la presión y la frecuencia cardíaca. No obstante, la comunidad médica internacional —incluidas entidades como la American Heart Association y la Mayo Clinic— coincide en que el estornudo no representa un riesgo para personas sanas y no provoca la detención del corazón.