La inflación de 2025 cerró con un balance mixto. Si bien el Índice de Precios al Consumidor (IPC) anual fue el más bajo de los últimos ocho años, la dinámica mensual mostró una reactivación en la segunda mitad del año: diciembre marcó un 2,8%, el segundo registro más alto de 2025, confirmando una tendencia alcista iniciada en junio. A nivel de rubros, los aumentos fueron muy desiguales, con educación (52,3%), restaurantes y hoteles (42,2%) y vivienda y servicios públicos (41,6%) encabezando las subas, mientras que indumentaria, equipamiento del hogar y bebidas alcohólicas y tabaco quedaron muy por debajo del promedio general.

En el caso de los alimentos y bebidas no alcohólicas, la variación anual fue prácticamente igual al IPC general, aunque el desagregado revela comportamientos muy dispares. Algunos productos incluso registraron bajas de precios a lo largo del año, como el arroz, el zapallo anco y la papa, mientras que otros mostraron incrementos mínimos, inferiores al 10%, entre ellos la batata, el vino común, la yerba mate y el azúcar. Este fenómeno se dio aun comparando diciembre contra diciembre, lo que relativiza el impacto de factores estacionales.

En contraste, varios alimentos básicos tuvieron fuertes aumentos, especialmente las carnes. Cortes como el cuadril, la paleta, la nalga y el asado registraron subas cercanas o superiores al 70% en el año, muy por encima del promedio inflacionario. También se destacaron incrementos en productos como la manzana, la carne picada y el café. Así, pese a la desaceleración general de la inflación, el rubro alimentos mantuvo un rol central en 2025 por su peso en la canasta y por la marcada dispersión de precios que enfrentaron los consumidores.