Javier Milei inauguró este 1 de marzo el período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación Argentina con un mensaje de fuerte impronta política y tono desafiante.
En su tercera apertura como jefe de Estado, el mandatario proyectó un 2026 de alta intensidad parlamentaria, atravesado por al menos 90 reformas destinadas —según planteó— a rediseñar la “arquitectura jurídico-institucional” del país. El discurso llegó en un contexto de equilibrio inestable: un oficialismo que logró avances estructurales, pero que también sufrió reveses frente a una oposición decidida a marcar límites al uso del veto presidencial.

El balance legislativo de 2025 expuso esa tensión. De las 17 leyes sancionadas, siete fueron vetadas por el Ejecutivo y en tres casos —financiamiento universitario, emergencia pediátrica y discapacidad— el Congreso reunió mayorías especiales para insistir y forzar su promulgación, un gesto político de alto voltaje institucional. Aun así, la Casa Rosada dilató su aplicación hasta contar con respaldo presupuestario y recién en febrero de 2026 reglamentó la emergencia en discapacidad por decreto. El punto de inflexión llegó el 26 de diciembre, cuando se aprobó la primera Ley de Presupuesto de la era libertaria y se sancionó Inocencia Fiscal, pieza clave en la estrategia oficial de alivio tributario y blanqueo.
En paralelo, el Parlamento avanzó con reformas sensibles: antimafias, suspensión de las PASO, reforma laboral, nuevo Régimen Penal Juvenil y la ratificación del acuerdo Mercosur-UE, además de la media sanción a cambios en la Ley de Glaciares. Con este telón de fondo, Milei enfrenta un año decisivo: consolidar una mayoría estable que garantice gobernabilidad o profundizar la confrontación con una oposición que ya demostró capacidad para condicionarlo. El 2026 legislativo asoma, así, como el verdadero campo de disputa del poder político.
