El periodista lucha a diario por su recuperación y, según pudo saber La Nación, pasó una buena noche y está despierto; el enfrentamiento entre su familia y su actual esposa no cesa y sus hijas tienen pensado romper el silencio

Según pudo saber La Nación este sábado 19, el cuadro de salud de Jorge Lanata presentó mejorías: al periodista le disminuyeron la dosis de sedación, abre los ojos y pasó una buena noche.
Mientras el periodista lucha a diario por su recuperación –lleva más de cuatro meses de internación–, el enfrentamiento entre su familia y su actual esposa Elba Marcovecchio no se detiene. Recordemos que Marcovecchio decidió suspender a dos de los empleados de confianza de Lanata, una medida que en los últimos días fue revertida por Sara “Kiwi” Stewart Brown, exesposa y madre de su hija menor. Paralelamente, y según pudo saber este medio, Bárbara y Lola, las dos hijas del conductor, escribieron una carta abierta que tienen pensado compartir próximamente por radio Mitre, TN y los noticieros de El Trece.

Dos apoderadas y mucha tensión
La última semana, la familia de Lanata vivió nuevas tensiones. A través de las redes sociales, Stewart Brown confirmó el jueves 17 de octubre que tiene un poder recíproco, firmado por Lanata. “Decidí usarlo, ejerciendo la facultad de revocar un poder en particular, porque ese poder que revoqué se estaba usando para hacer cosas que Lanata jamás hubiera hecho contra personas a las que nunca hubiera perjudicado. Por lo que lo dejé sin efecto legal. Tengo la certeza de que Jorge Lanata no estaría de acuerdo en que la gente que lo acompañó fiel y amorosamente por más de 20 años, y que ya son parte de su familia, se queden sin cobrar su sueldo, incluso aunque una ley se lo permita. Lanata no piensa ni actuó jamás de esta forma”, argumentó la exmujer del periodista.
Además, Stewart Brown explicó: “Es un poder recíproco, el más amplio que pueda existir, que incluye la facultad de revocar otros poderes, en especial con cláusula de irrevocabilidad o inextinguibles para el caso de incapacidad o fallecimiento. Así dice expresamente el poder. Nos lo otorgamos mutuamente y lo mantuvimos vigente por la confianza que siempre nos tuvimos y tenemos en la actualidad”.

El mismo día, por la tarde, Marcovecchio respondió con una carta documento. Según pudo saber LA NACIÓN, la carta documento señala: “Su comportamiento, lejos de la hidalguía que la guió en el año 2016, encierra una actitud de irrespeto de las decisiones libres que ejerció Jorge, por ejemplo casarse y otorgarme un poder para que dirija el barco en su ausencia. Lamento profundamente que se arrogue facultades que no le pertenecen, entre ellas cuestionar los actos conservatorios del patrimonio de mi marido que me fueran confiados por ser su esposa por el poder otorgado y por ser cotitular de la cuenta bancaria. Procuré ajustar costos para seguir pagando su opulenta cuota alimentaria en su integridad sin siquiera reducirse… En conclusión, rechazo su revocación de poder cuyo único fin es económico”, señaló Marcovecchio en clara referencia a la medida adoptada por Stewart Brown.

Sumado al documento judicial, cerca de las 20 de este jueves, Marcovecchio publicó un descargo en términos más coloquiales en su cuenta de Instagram a través de varias historias, en las que detalló: “Una vez más me veo obligada a defenderme ante los inmerecidos ataques y tergiversaciones públicas que nada tienen que ver con la verdad. Resulta inverosímil que haya quienes tengan fuerzas y ansias de rivalidad en este momento donde Jorge pelea por su vida como nunca antes… No he sido yo quien ha iniciado este doloroso enfrentamiento, cuyas razones solo reflejan lo que alguna vez me dijo Jorge: ‘Se van a matar por la plata’. Se quedó corto. […] Sus actos hablan por ella”, escribió.
