Una encuesta nacional del Observatorio de Opinión Pública de la Universidad Nacional de Villa María, junto a la consultora Zuban Córdoba y Asociados, traza una radiografía ambivalente de la juventud argentina: los jóvenes valoran la democracia como sistema, pero muestran una profunda desconfianza hacia la política tradicional y sus instituciones. El estudio, realizado sobre una muestra de 500 personas de entre 16 y 30 años, revela un cambio en las formas de participación, con mayor peso de lo digital, identidades ideológicas más flexibles y un vínculo marcado por el desencanto, sin que eso implique desinterés total por la vida pública.
Los datos desmienten la idea de apatía absoluta: el 62% afirma interesarse por la política, aunque el 77% la asocia con sentimientos negativos. La distancia se expresa en el rechazo a partidos, sindicatos, el Congreso y los medios, mientras que las universidades concentran el mayor nivel de confianza. También se registra una pérdida de legitimidad de colectivos que antes funcionaban como referentes juveniles, como los feministas y LGBT+. Entre las principales preocupaciones aparecen la economía, el trabajo y la educación, lo que explica una relación con la política guiada más por demandas concretas que por lealtades partidarias duraderas.
Pese a la crítica a la dirigencia, el informe muestra un fuerte respaldo al rol del Estado: más del 80% considera que debe garantizar salud y educación públicas, y una mayoría avala su intervención para proteger a los sectores vulnerables y regular servicios esenciales. Así, el malestar juvenil no apunta a una negación del Estado ni de la democracia, sino a su funcionamiento. En síntesis, los jóvenes no piden menos política, sino mejor representación, mayor eficacia y respuestas concretas a los problemas cotidianos, en un escenario donde la crisis de confianza convive con la vigencia del ideal democrático.
