Aunque la inflación se redujo de manera significativa durante el gobierno de Javier Milei, la desaceleración de los precios encontró un límite y el IPC continúa mostrando dificultades para perforar de forma sostenida el 3% mensual.

En este contexto, persiste una fuerte dispersión de precios para un mismo producto.La falta de valores de referencia claros está vinculada a la dinámica inflacionaria de los últimos años.

Como consecuencia, consumidores y comerciantes encuentran dificultades para determinar cuál es el precio real de muchos bienes y servicios.Ante una demanda que sigue débil y la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos, supermercados y comercios intensificaron las promociones, descuentos y acuerdos con bancos y billeteras virtuales para atraer clientes y sostener las ventas.

Actualmente, un mismo producto puede tener distintos precios según el medio de pago utilizado. Los descuentos por efectivo o transferencia, los reintegros mediante aplicaciones y las promociones bancarias generan diferencias que pueden superar el 20% respecto del valor de lista.

A esto se suman las compras financiadas con tarjeta de crédito, que en algunos casos terminan encareciendo el precio final por los intereses aplicados. De esta manera, un mismo artículo puede presentar más de cinco valores diferentes al mismo tiempo

El resultado es un mercado en el que el precio final depende cada vez menos de la etiqueta exhibida en la góndola y más de la combinación de promociones, entidad financiera y medio de pago que logre aprovechar cada consumidor, que debe estar atento para encontrar las mejores oportunidades de ahorro.