El Gobierno cerró una semana de alto impacto político con la aprobación de la reforma laboral, la reforma penal juvenil —que baja la edad de imputabilidad de 16 a 14 años con esquemas diferenciados de penas— y el avance del acuerdo con la Unión Europea.
Sin embargo, detrás de los títulos rimbombantes hubo concesiones significativas: se aceptaron decenas de modificaciones en el Congreso y se retomó una lógica de negociación más clásica con gobernadores y bloques dialoguistas. En ese giro estratégico, la postura de Santiago Caputo —evitar la confrontación permanente y priorizar acuerdos— terminó imponiéndose como método.

El reordenamiento parlamentario expuso, además, una adaptación en la conducción libertaria. Karina Milei mantiene el control político del espacio y avanza con firmeza en la construcción territorial, pero el oficialismo mostró mayor pragmatismo a la hora de conseguir votos, incluso si eso implica pactos con sectores de la “casta” que antes rechazaba. En paralelo, la figura de Guillermo Francos volvió a ganar centralidad, con señales de rehabilitación interna y aspiraciones en la provincia de Buenos Aires, mientras Manuel Adorni consolida su rol en el esquema de poder cercano a “El Jefe”.
En territorio bonaerense, el tablero también se mueve. Sebastián Pareja reorganiza la estructura partidaria y crecen las especulaciones sobre candidaturas: Diego Santilli reflota su ambición de competir por la Gobernación y Patricia Bullrich observa con atención la disputa porteña, donde Adorni asoma como carta fuerte. En un oficialismo que aún combina tensiones internas con ambición expansiva, la semana dejó una enseñanza clara: menos épica y más negociación parece ser la fórmula que hoy le garantiza resultados a Javier Milei.
