Con las nuevas escalas vigentes desde febrero, el aporte previsional del Monotributo volvió a generar consultas por su impacto en la futura jubilación. Si bien los requisitos para acceder al beneficio son los mismos que para cualquier trabajador —30 años de aportes y la edad legal—, el cálculo del haber inicial es distinto, ya que no se basa en salarios reales sino en una renta teórica asociada a cada categoría del régimen simplificado.

Este esquema hace que quienes permanecieron muchos años en las escalas más bajas, como la categoría A, suelen acceder a jubilaciones cercanas al haber mínimo. Para febrero de 2026, ese piso previsional alcanza los $429.081,79, sumando el monto actualizado y un refuerzo extraordinario. En cambio, quienes lograron subir de categoría durante su vida laboral pueden mejorar sensiblemente el ingreso al momento del retiro.
El componente previsional del Monotributo, destinado al SIPA, varía según la escala y es clave en el resultado final. Con los valores actuales, los aportes van desde poco más de $15.600 en la categoría A hasta más de $135.000 en la K. Estas diferencias influyen directamente en la proyección del haber jubilatorio, que luego se ajusta por el sistema de movilidad como el resto de las prestaciones.
Especialistas recomiendan analizar cada caso en particular, ya que trayectorias mixtas, períodos sin aportes o cambios de régimen pueden modificar el cálculo. Para iniciar el trámite, Anses exige revisar la historia laboral en Mi Anses, presentar DNI y documentación respaldatoria, y en el caso de las mujeres, pueden sumarse años por tareas de cuidado. Contar con todos los papeles completos suele agilizar significativamente el proceso.
