La Justicia convalidó la pena máxima para Carlos Orlando Arévalo (51) por el crimen de Rosario Bargas, perpetrado a balazos en noviembre de 2025. El Ministerio Público Fiscal acreditó ocho años de violencia machista continuada y pruebas balísticas concluyentes.
La Justicia tucumana dictó la pena de prisión perpetua para Carlos Orlando Arévalo (51), hallado culpable del femicidio de su expareja, Rosario Bargas. La máxima sanción penal contemplada por el Código Penal argentino fue homologada por el tribunal interviniente tras un acuerdo de juicio abreviado alcanzado entre la defensa técnica del acusado y la Unidad Fiscal Especializada en Homicidios I, que encabeza el fiscal Pedro Gallo. Con esta resolución, se cierra formalmente el proceso penal por un ataque armado que enlutó a la ciudad de Tafí Viejo a finales del año pasado.
Durante la audiencia celebrada en los tribunales de la capital provincial, el auxiliar de fiscal Lucas Manuel Maggio y la investigadora Paula Ponce expusieron la teoría del caso y la calificación legal definitiva. El hecho fue caratulado como homicidio triplemente agravado: por el vínculo de pareja preexistente, por haberse perpetrado mediando violencia de género (femicidio) y por el empleo de un arma de fuego.
Un historial de ocho años de violencia y asimetría La acusación del Ministerio Público Fiscal no se limitó únicamente a la mecánica del ataque final, sino que reconstruyó minuciosamente el contexto en el que se produjo la agresión mortal. Los investigadores demostraron que Bargas estuvo inmersa durante ocho años en una relación signada por el sometimiento, el control y una marcada asimetría de poder impuesta por Arévalo.
Ese ciclo crónico de agresiones verbales, psicológicas y físicas alcanzó su punto de quiebre el 17 de noviembre de 2025 en el asentamiento Villa Cariño, ubicado en la localidad taficeña. En aquella jornada, el agresor interceptó a la víctima y abrió fuego a quemarropa antes de darse a la fuga a bordo de una motocicleta, maniobra de evasión que finalmente quedó neutralizada por los operativos de búsqueda y captura de la Policía provincial.
La solidez de las pericias balísticas y forenses La contundencia del material probatorio reunido durante la instrucción penal resultó determinante para que el imputado admitiera su culpabilidad y renunciara a la instancia de debate oral tradicional. Entre las evidencias clave presentadas en el legajo, se destacaron los resultados de los allanamientos policiales donde se incautaron proyectiles y vainas servidas calibre 22, cuyo cotejo técnico coincidió plenamente con el material balístico extraído del cuerpo de la víctima.
Asimismo, los informes de la autopsia anatomopatológica confirmaron la ferocidad del ataque: tres de los cuatro disparos efectuados por Arévalo impactaron directamente en la cabeza de Bargas, provocándole un traumatismo craneoencefálico grave y heridas irreversibles que le causaron la muerte de manera inmediata en el lugar de los hechos.
El testimonio de los deudos y el impacto familiar La audiencia judicial estuvo atravesada por momentos de profundo dolor. La madre de Rosario Bargas hizo uso de la palabra ante los jueces para dimensionar el daño irreparable ocasionado por el crimen y exponer el cuadro de desamparo en el que quedó inmerso el hijo de la víctima, un niño de 12 años que debió afrontar la pérdida traumática de su madre.
Con la homologación del acuerdo y la imposición de la pena máxima de reclusión, los tribunales provinciales sumaron una nueva condena firme contra la violencia machista, garantizando una respuesta judicial estricta frente a los casos de mayor gravedad penal ocurridos en el territorio tucumano.
